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Pronoia: cuando todo juega a tu favor

“Oh, Dios, si tengo algún desorden soy una especie de paranoico a la inversa. Sospecho que la gente conspira para hacerme feliz.»

Hoy en día vivimos en un mundo dividido, por un lado, no dejamos de escuchar noticias negativas; crisis económica, políticos corruptos, violencia de género, terrorismo…

En el otro bando, gran parte de las redes sociales y Mr Wonderful nos presentan una versión edulcorada y súper positiva de la vida. Y mientras tanto, ¿Dónde quedan las emociones reales?

Este yin y yang se da en todas las áreas vitales. En la esfera de la salud, tradicionalmente, estamos acostumbrados a trabajar sólo con la patología o la parte insana del individuo. De ahí, que todos los manuales de diagnóstico describan trastornos o síndromes a curar y muy pocas corrientes hasta ahora se hayan centrado en la parte sana del individuo.

¿Qué es pronoia?

Pero vamos al tema que nos ocupa, ¿Qué es entonces la pronoia?, suena a trastorno. Todos conocemos el significado de su antónimo, la paranoia; cuando la persona tiene la sensación de que los demás conspiran en su contra, hablan mal de ella a sus espaldas o quieren hacerle daño, pues bien, la pronoia no es más que su antagonista.

En la pronoia, el individuo tiene la sensación de que el universo conspira para ayudarlo, la sospecha furtiva de que los otros quieren hacerlo feliz y de que el mundo se prepara secretamente para beneficiar a las personas.

Sus síntomas principales son ataques repentinos de optimismo, incrementos de buena voluntad y sensaciones de cercanía afectiva con los demás. La persona se ve inundada de confianza, seguridad y fortaleza.

Este término vino de la mano de la Nueva Era, que consideraba que a partir de la segunda mitad del siglo XX empezaba una época de paz, bienestar y armonía mundial.

El primer uso de esta palabra es relativamente reciente, en 1982 apareció en la revista Social Problems, en un artículo con este mismo título.

¿Qué tiene que ver con la terapia?

Hay debate sobre si la pronoia debería considerarse un trastorno mental, puesto que los mecanismos que la rigen son los mismos que los de la paranoia: una visión distorsionada de la realidad. Y también se especula sobre la posibilidad de que forme parte de esta corriente positivista y semimágica que afirma que con ciertos rituales podemos poner al universo a conspirar en nuestro favor.

Mi visión dista mucho de estas dos perspectivas y se trataría, simplemente, de una forma de experimentar y ver la vida. Un cambio a mejor, que, muchas veces, viene de la mano de la terapia.

Para ilustrarlo imaginemos un continuum con dos extremos; en uno situaríamos la paranoia y en el otro la pronoia, a lo largo de nuestra vida podemos irnos acercando más a un polo o a otro.

«Significando que, pese a toda la evidencia disponible, realmente piensas que gustas a la gente. Tu percepción de la vida es que es una gran noche benéfica en tu honor, con todo el mundo felicitándote y queriendo que ganes en todo. Crees que eres el rey. Jamie Lee Curtis. Criaturas feroces.«

En mi experiencia en la clínica, tanto en mi terapia personal como con mis pacientes, he podido comprobar que este cambio de paradigma se produce. De alguna manera, la terapia convierte a los “paranoicos” en “pronoicos”.

Esto se debe a que, muchas veces, estamos enganchados en mecanismos de autosabotaje, en situaciones cíclicas con un final dramático: siempre elegimos mal a nuestra pareja, siempre nos acaban echando del trabajo, siempre acabamos perdiendo dinero, experimentando rechazo, tristeza, fracaso o frustración.

Cuando vamos a terapia y comenzamos a tomar conciencia del papel que tenemos en nuestra propia vida, las cosas, como “por arte de magia” comienzan a irnos mejor.

No es, sin embargo, un proceso mágico; conociéndonos a nosotros mismos, viendo los patrones de comportamiento que utilizamos, las creencias autolimitantes que tenemos, etc. Podemos empezar a hacer algo diferente, y poco a poco será como si el universo cambiara su plan, y dejara de sabotearnos para darnos un empujoncito y una palmadita en la espalda.

El gran descubrimiento de mi generación es que los seres humanos pueden alterar sus vidas al alterar sus actitudes mentales (William James)

En conclusión, dejando de lado las teorías místicas acerca de la energía del universo, si hablamos de los síntomas de la pronoia, más que una enfermedad sería un proceso de crecimiento personal y de mejora de la salud mental.

Este proceso deriva en un mejor acercamiento a nuestras necesidades actuales, en la resolución de los temas pasados que nos lastran y una mayor presencia en el aquí y ahora, lo que desde el fondo generaría esa sensación de optimismo y energía positiva que nos impulsa a conseguir nuestras metas y a hacernos dueños de nuestra vida.

¿Te animas?

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