Te voy a confesar una cosa, cuando abrí la web, me bombardearon mucho con la importancia de tener «fotos profesionales», así que lié a mi amigo Javi y nos fuimos a la consulta de mi amigo Antonio a hacerme un book sofisticadísimo. El problema es que a mí no se me da bien posar, así que cuando las vi en casa, en el 90% estaba mirando a otro lado, con un ojo bizco o con pose robótica, de modo que esta foto, pese a estar desenfocada, es de las pocas que pude rescatar. Menos mal que soy psicóloga y no modelo.

¿Quién soy yo?

Si yo te digo que soy psicóloga, colegiada M-33905, ¿sabrías algo de mí? Probablemente lo máximo que conseguiría es ser un número o una profesión en tu cabeza. 

Si te enseño una ristra (tampoco te pases, Bea) de todos los sitios donde he estudiado, no sé si la cosa mejoraría. Aunque si esto para ti es importante, al final de la página tienes mi currículum.

He decidido contarte mi historia porque quiero que tú también me cuentes, conozcas y redescubras tu propia historia. 

Y esa historia no es tu síntoma (tu malestar, tu tristeza, tu problema, tu «motivo de consulta»); tu síntoma es lo que se ve, el pico del iceberg, pero no me habla de quién eres tú.  

Un poco de mi historia...

y cuál es la pregunta que tienes que hacerte para dar luz al motivo de tus problemas (y la que debes dejar de hacerte).

Igual alguna vez has oído eso que dicen de que los psicólogos nos metemos en la carrera para arreglar nuestra propia cabeza.

¡Aviso para navegantes! Esto es cierto y, es la razón también de que, para mucha gente, estudiar psicología sea su «sueño frustrado», PERO, hay una forma mucho mejor de beneficiarse del desarrollo personal, invirtiendo menos tiempo, dinero (y frustración) que con la carrera. Abajo te la cuento.

Sí, soy psicóloga, estudié en la Universidad Complutense de Madrid. 

Como para muchos otros la carrera no fue lo que esperaba, aunque claro, lo que esperaba, tampoco era muy realista.

Cuando empecé a estudiar psicología pensé que iba a lograr entender el comportamiento humano, resolver mis conflictos existenciales y, como extra, adquirir una sabiduría superior que me permitiese predecir el futuro y saber SIEMPRE lo que había que hacer y cuál era la mejor opción, pero

¡Sorpresa! 

(Casi) nada de esto ocurrió. 

La profesión que debería haber elegido para cubrir mis expectativas, en vez de psicología.

Estudié cuatro años de terapia cognitivo-conductual. Aprendí técnicas, diagnósticos, entrenamientos, protocolos y estadísticas.

Sin embargo, aquella forma de ejercer me resultaba completamente fría e impersonal y no terminaba de sintonizar con mis principios ni con mi forma de ver al ser humano y la relación de ayuda.

Así que al acabar la carrera me puse a buscar otros enfoques. Y hubo muchas otras escuelas que tenían una visión del ser humano parecida a la mía; un ser único, con una historia y unas experiencias irreplicables, una particular cosmovisión y una forma de estar y entender el mundo distinta a todas las demás.

Así que me cambié de bando. 

Empecé a descubrir un montón de herramientas y enfoques terapéuticos diferentes y me embarqué en un largo recorrido profesional y, sobre todo, emocional, que incluyó mi propio proceso personal de terapia.  

Esto fue lo más importante, me oirás decirlo muchas veces, pero, conocer muchas teorías y técnicas, leer y saber mucho, generalmente, no nos ayuda con nuestros propios problemas. No nos ayuda a «dejar de ser nosotros», a salir de nuestra mente. Así que caemos en la trampa de creer que tenemos la solución, porque ya sabemos, ya conocemos y…

… en realidad… 

seguir haciendo lo mismo.

U otra versión de lo mismo: algo que, parezca lo suficientemente diferente como para darle a nuestro cerebro la sensación de que hemos cambiado, pero que en realidad es el mismo patrón de siempre. 

Te pongo un ejemplo (quizás te haya pasado a ti si has tenido varias parejas, o a alguien que conoces): empiezas una relación enamoradísimo/a/e e ilusionadísimo/a/e, al cabo de los meses (o años), te das cuenta de que la relación no te satisface por X motivos, decides romper y cambiar de pareja, pero al final, acabas con el mismo tipo de persona. A lo mejor al principio parece diferente, pero, pasados los meses, te das cuenta de que es «el mismo perro con distinto collar», de que en realidad es tu ex, pero con otro nombre, o de que, igual… no es como tu ex, pero tú te acabas sintiendo igual en la relación: decepcionado, desilusionado, insatisfecho…

Te cuento lo de la pareja porque muchos lo hemos visto/vivido, pero quien dice pareja dice cualquier otro patrón que notes que se repite en tu vida. 

…Los celos…

…los complejos…

…La autoexigencia…

…La falta de dirección o de propósito… 

…La dificultad para poner límites y decir que no…

Así que tratamos una y otra vez de cambiar, creemos que hacemos cosas distintas, pero, en realidad, acabamos siempre sintiéndonos igual (o peor, porque llueve sobre mojado). 

¿Hay forma de salir de esto? ¿Cuál es la respuesta?

¿Es leer un montón de libros de autoayuda?

¿Es estudiar la carrera de psicología cuatro años?

¿Es irse de retiro de fin de semana cambiavidas?

Bueno, no digo que no puedan ayudar, pero para mí (que he hecho todas esas cosas de arriba) fue la terapia personal. Mi propia terapia.

Porque lo que necesitamos es saber qué es eso que repetimos y para qué lo repetimos (no por qué, que es la pregunta trampa que te tiene dándole vueltas a la cabeza horas y horas explicándote tu situación y sin llegar a ningún lado).

Creemos que sabemos cuál es el problema, pero no. Estamos viendo, como te he dicho arriba, la punta del iceberg. Y, no podemos cambiar lo que no conocemos.

Además, generalmente, desde nuestra propia cabeza es difícil ir más allá, nos falta luz, nos falta perspectiva para «darnos cuenta». 

Me gusta eso de «darse cuenta», de hecho, una de las frases que más he oído en terapia (y que yo he dicho) es una variante de: 

— ahhh, claro, ahora tiene sentido. 

Está bien que las cosas encajen; eso es el autoconocimiento, pero ni siquiera eso es lo más importante. Lo más importante es que la terapia te da la oportunidad de empezar a probar cosas nuevas, porque ya reconoces las antiguas y no sólo no te engañan sino que te dejan de interesar, te dejas de dirigir hacia ellas como atraído por alguna fuerza cósmica desconocida (AKA el inconsciente).

Así que cambian tus relaciones con los demás porque cambia tu relación contigo mismo.

Y cambias tu dirección, porque cambias tu forma de sentir, pensar y actuar, desde la raíz. 

No son dos días, no es milagroso. 

Si me preguntas a mí, merece la pena, claro.

Pero la última palabra la tienes tú. 

Importante: esto no te lo cuento porque me haya servido a mí (Beatriz De Ureta) y lo vayamos a replicar exactamente igual contigo, resolviendo de golpe toda tu vida. Soy psicóloga, no un gurú que ha encontrado el secreto de la felicidad eterna gracias a un viaje iniciático.

Cada proceso de terapia es único, porque cada persona es única, así que yo no tengo esas claves, yo te ayudo a que encuentres tus propias respuestas, tu propia verdad (vale sí, un poco sí que suena a gurú que ha encontrado la clave de la felicidad). A lo que me refiero es a que, evidentemente, mi experiencia y la persona que soy formarán parte de la terapia (al fin y al cabo es un encuentro entre dos personas), pero NO BASO la terapia en mi experiencia. 

Eso no sería profesional.

Lo que yo te ofrezco es psicología, no lecciones y aforismos sobre la vida.

Para eso sí, estudié una carrera (y unas cuantas cosas más que puedes ver en mi currículum más abajo).

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Mando emails con píldoras de psicología, para que pruebes algo diferente hoy. Puede que te sirvan, puede que no. Es gratis. Si no te gusta, te aburre o no te resulta útil te das de baja en un click.  

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Una psicología a medida

Tomo este concepto prestado de «la alta costura». 

La alta costura es una moda hecha a medida, de forma artesanal, utilizando telas exclusivas y de la mejor calidad, trabajada con mimo y detalle y llevada a cabo por costureros habilidosos.

Análogamente, esta es la psicología que yo quiero ofrecerte. 

Un tratamiento adaptado a tus necesidades y a tu ritmo.

En el que el objetivo no sea extirpar aquello que es incómodo, sino lograr que te veas bien, que avances hacia lo que es importante para ti, que seas un «triunfador» en todos los sentidos que quieras darle. Que logres crecer y desarrollar nuevos modelos, flexibles y conscientes, que te permitan ver el mundo y a ti mismo de otra forma.

Esta es una terapia hacia el encuentro contigo mismo.

Bueno, basta ya de frases mrwonderfulianas. 

¿Qué tipo de terapia practico o qué brujerías hago en mi consulta?

¡Aviso para navegantes! Por experiencia sé que mucha gente no sabe qué tipo de escuelas psicológicas hay y me parece lo normal; tú lo que quieres es alguien que te ayude, el resto es para el ego de los psicólogos y las batallitas internas que le dan vidilla a este mundillo. Así que, si no te interesa, te puedes saltar estar parte, pero, por si sí que te interesa o es determinante para ti, yo te lo cuento.

La terapia que yo practico es integrativa. 

Y ¡Ojo! Que una psicoterapia integrativa es muy diferente a una psicoterapia ecléctica. Vamos, que no es un cajón desastre.

De hecho, más que a un cajón, se parece a una estantería. 

Integrar elementos de diferentes escuelas psicológicas requiere de una base, que les dé sentido y estructura (la estantería): en mi caso es la psicología básica y la terapia humanista. 

Después, he ido integrando elementos de otros abordajes, es decir, he ido metiendo libros: los hay de Gestalt, de conductismo, de trauma psicológico, de mindfulness, de neurobiología y reprocesamiento, de AT (Análisis Transaccional ), de IFS (Internal, Family System), de ACT (Terapia de Aceptación y Compromiso)…

Madre mía lo que nos gustan a los psicólogos los acrónimos.

Total, que gracias a la estantería, sé qué libros caben y cuáles no.   

De modo que cada modelo o técnica está estructurado y definido en base a la naturaleza de las relaciones humanas y a los postulados básicos de la psicología. Por eso me oirás decir que esto es una psicoterapia para humanos.

No requiere de ninguna cualidad especial, ni de una fuerza de voluntad o una disciplina  titánicas.

El único requisito es que seas un ser humano.

Pero entonces ¿Qué puedo conseguir contigo?

¿Has sentido alguna vez que sabes lo que hay que hacer, pero aun así no lo haces? 

¿Te sientes triste e infeliz, pero no tienes ni idea de por qué? 

¿Tu situación actual es satisfactoria (incluso puede que tengas un buen trabajo, una pareja, buenos amigos…) pero aun así estás deprimido? 

¿Tomar decisiones te resulta un calvario o te da pánico el cambio?

Las experiencias fundamentales de nuestro pasado condicionan la forma en la que vemos y sentimos las relaciones, la realidad y la vida. 

A medida que aprendemos a funcionar en el mundo, organizamos nuestra conducta y, después, reproducimos en automático lo que nos fue útil, perpetuando viejos patrones que nos limitan y nos hacen sentir infelices. 

Es decir, que probablemente muchas de tus respuestas actuales estén mediadas por el miedo o la compulsión y eso te esté metiendo en líos.

Cambiar, pasa por «darte cuenta» de estos patrones y desbloquear las experiencias fijadas para poder tener un comportamiento más consciente, flexible y libre. 

Somos infinitamente creativos y tenemos una capacidad de sanación enorme (lo sé por experiencia), pero, si seguimos anclados en patrones de supervivencia nunca podremos crecer, desarrollarnos y tener el éxito que merecemos.  

En realidad, venir a terapia, no es darme una oportunidad a mí, es darte otra oportunidad a ti mismo. 

Eso es autoestima: no tirar la toalla con uno mismo. 

Suena cursi, pero es cierto.

Berne, un tipo que, además de genio, también era cursi a veces. Decía:

Todos nacemos príncipes o princesas. Después, en nuestras relaciones con los demás, tomamos decisiones autolimitadoras con las que nos convertimos en  «sapos o ranas encantadas».

Eric Berne

Mis valores

Confidencialidad

Ir a terapia no es un paso fácil, incluso si ya lo has dado es importantísimo que sepas que cumplo a rajatabla con la confidencialidad. Tu historia no saldrá de las cuatro paredes de nuestra consulta, salvo, en algunos casos, para ser supervisada por otro terapeuta (en estos casos también se protege tu privacidad).

Haremos terapia online a través de una plataforma segura que cumple con la Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales.

Puedes estar seguro de que tu historia estará siempre a salvo y bien protegida conmigo.

Competencia profesional

Como verás me apasiona la psicología, porque me ayuda a mejorar mi vida y la de mis pacientes a diario. Además, me encanta aprender, así que siempre estoy viendo que se cuece en el mundillo y formándome en algo nuevo con lo que poder ayudarte de la mejor forma.

Aun así, conozco mis límites, por eso, si no puedo ayudarte te lo diré y corre de mi cargo buscarte una alternativa.

Responsabilidad

Estoy comprometida con mi trabajo y con mis pacientes así que te puedo garantizar que no descuido ningún proceso terapéutico.

Habrás visto que una parte de la terapia es «hacernos responsables» y sería un desastre que yo no predicara con el ejemplo.

Procuro siempre que mi actividad terapéutica esté al servicio de tu salud y bienestar y me ocuparé de respetar y fomentar tu autonomía, tu libertad y tu autodeterminación.

Honestidad e integridad

No te vendo la moto, una terapia donde no hay sinceridad por ambas partes está condenada al fracaso.

No te fiarías de alguien que es críptico, que te oculta cosas o que no te da toda la información y harías bien, probablemente tampoco mejorarías con alguien así.

Soy honesta porque de mi honestidad depende el éxito terapéutico, lo tengo claro.

Por eso, siempre te daré toda la información de forma clara y asequible y estaré dispuesta a responder tus dudas con la mayor sinceridad.

No juicio

Es lógico que vengas a terapia pensando que «algo en ti está mal», pero no recibirás esas acusaciones por mi parte.

He aprendido a valorar la sabiduría de nuestras decisiones de supervivencia y estoy convencida de que, te haya ido mejor o peor, lo has hecho lo mejor que has podido con los recursos de los que disponías.

Así que tranquilo/a, ni quiero ni me corresponde a mí hacer juicios de valor o morales sobre tu conducta o tus sentimientos. En mi consulta nadie está condenado.

Relación terapéutica

Como ya te he dicho, practico una psicoterapia relacional. Le doy una importancia capital al vínculo terapéutico; quiero proporcionarte una relación sólida y protectora porque es la única forma de que tu cerebro se sienta seguro y se prepare para cambiar.

¡Aquí podrá entender que las defensas ya no son necesarias!

Currículum

Estancia Erasmus en Tilburg (Holanda) en Tilburg University. Tanto la ciudad como la universidad son muy internacionales, conocer a gente de diversas nacionalidades y desenvolverme en un país nuevo fue una experiencia que me cambió la perspectiva y me hizo crecer y abrir la mente. https://www.tilburguniversity.edu/

Me gradué de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid con especialidad en adicciones, el último año realicé las prácticas en un CAID (Centro de Ayuda Integral al Drogodependiente), de corte conductual. Aprendí mucho de lo que quería (y lo que no quería) hacer con mis futuros pacientes y pude ir definiendo mi línea de trabajo.

En el último año de carrera un maravilloso curso de Psicoanálisis se coló dentro de las paredes de la Universidad. En este curso de la BOLM (Biblioteca de Orientación Lacaniana de Madrid) explicaba los principales síntomas psicológicos de hoy en día desde una perspectiva psicoanálitica. Fue el primer paso para que me empezara a interesar por otras escuelas, alejadas del método cognitivo-conductual que conformó mis cuatro años de carrera. 

También en el último año de carrera hice un máster que me permitió tener una visión más integral del ser humano, que no sólo incluía aspectos psicológicos, sino corporales, nutricionales o biológicos. Este máster ha ayudado a mi percepción holística del ser humano.

Este Máster fue en la especialización que, tras muchos quebraderos de cabeza, decidí que era con la que más sintonizaba. La psicología humanista integrativa me brinda la posibilidad de ejercer desde una visión integral del ser humano, teniendo en cuenta al cuerpo y trabajando con las emociones. Además, casi todo lo que he aprendido y seguiré aprendiendo lo puedo integrar en esta corriente, haciendo cada vez más fácil que los tratamientos se adecuen a cada caso personal.

Como siempre he considerado que el ser humano es un conjunto de sistemas relacionados (emocional, cognitivo y fisiológico) y que hay una separación más didáctica que real entre los mismos; todos se influyen entre sí, hice este máster para poder integrar lo que comúnmente se conoce como “psicosomático” en mi práctica terapéutica.

Me formé en neuroprocesamiento del trauma en Alecés, que tiene una visión holística y un método basado en conocimientos de neurobiología, crianza y desarrollo y que me permite seguir aprendiendo en mi línea metodológica.

La formación teórico-práctica con 450h en clínica, que te habilita para trabajar en el ámbito sanitario. Por suerte, la Universidad Europea es abierta en sus abordajes terapéuticos y me ha permitido seguir aprendiendo a trabajar con pacientes desde diferentes perspectivas metodológicas avaladas por la ciencia. 

Psicología para dialogar con tu miedo

Consigue la guía para saber cómo impedir que las malas experiencias de tu pasado te impidan avanzar.

Sesiones de psicología presenciales y online.

Horario: Lunes - Viernes 10:00-14:00 y 16:00-19:00

Nº Colegiada: M-33905

Guía comprende tu Miedo

Responsable: Beatriz De Ureta Agüera Finalidad: Gestionar y enviar información a través de correo electrónico. Legitimación: Tu consentimiento. Destinatarios:  Tus datos se guardan en MailChimp, que cumple con el RGPD. Derechos: Tienes, entre otros, derecho a acceder, rectificar y suprimir tus datos cuando quieras.

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