¿Por qué tu cabeza no para y qué hacer para que tu vida se parezca más a la de un Maestro Zen?

AVISO

Lo primero que quiero que sepas es que mi vida no es un ideal de gestión emocional, ausencia de todo conflicto y felicidad plena. No sólo tengo dificultades como todos, sino que he padecido un trastorno de ansiedad durante más de un año: sí, a pesar de ser psicóloga y vivir de esto. Si prefieres que te ayude una persona que ha encontrado la clave definitiva para ser feliz y exitoso en sesión continua puedes dejar de leer aquí.  

No creo que la psicología sirva para convertirnos en seres de luz ultraequilibrados y libres de todo sufrimiento.

Y entonces… ¿Para qué sirve?

Algunas personas son capaces de aceptar las dificultades de la vida y seguir adelante, con la tranquilidad de un maestro budista mientras que otras sufren, se rompen y se vienen abajo a la primera de cambio. ¿A qué se debe esto? ¿Un gen extremadamente caprichoso? ¿Nacimos bajo el signo del zodiaco equivocado? ¿Un espectacular curso de fin de semana que les cambió la vida? ¿Lo fingen todo, pero en realidad están igual de mal que los demás?

Antes de responderte deja que te cuente una historia…

Sí, padecí un lo que los psiquiatras/psicólogos denominamos «trastorno de ansiedad».

Y NO estaba pasando por un momento de crisis vital, de hecho, mi vida marchaba bastante bien por aquel entonces.

***Esto es importante: antes de tener el primer ataque de pánico mi cuerpo ya me había ido dando avisos. Que si un día tenía taquicardias y sudores fríos, que si otro sentía mareos y vértigos, que si de repente notaba que me faltaba el aire… Eran sutilezas a las que no daba importancia, las justificaba: hoy he desayunado mal, he dormido poco, hoy Mercurio está retrógrado… Y seguía tirando de mi vida, como hacemos todos.

Sufrí el primer ataque de pánico «gordo» en el metro cuando iba al trabajo. Yo: la psicóloga, supe que estaba sufriendo un ataque de pánico los primeros 5 segundos, después todo mi conocimiento se fue por el desagüe.

Sensación de irrealidad, un mareo con el que casi me desmayo, opresión en el pecho, llanto descontrolado…

Fue, sencillamente, lo más terrible que he experimentado nunca.

Aquella primera crisis me duró unas cuatro horas (no te estoy exagerando), de entre las cuales, dos estuve en la consulta de mi terapeuta en una «sesión de emergencia»: con no muy buenos resultados.

Finalmente, lo que me calmó fue un ansiolítico.

Por cierto, tiempo después, descubrí el ansiolítico más potente que tenemos y que no es el Diazepam, Lorazepam ni nada acabado en pam, que es gratis y que, seguramente, está al alcance de tu mano (luego te cuento cuál).

Ojalá todo se hubiera quedado en aquel incidente aislado, pero la cosa siguió empeorando.

Al principio dejé de coger el metro porque sólo al cruzar la puerta mi cuerpo ya empezaba a reaccionar con los mismos síntomas: mareos, sudores, sensación de ver mi vida como en una película…

Pero también empecé a sufrir los efectos del pánico en el autobús, en la calle, cuando estaba con amigos… La ansiedad iba en aumento, los ansiolíticos cada vez hacían menos efecto y un día tuve una crisis tan fuerte en el colegio donde trabajaba que tuvo que venir el SAMUR.

Me obligaron a pedirme la baja.

En aquel momento, decidí visitar a una psiquiatra y empezar un tratamiento más largo.

¿Te lo imaginas? ¡Una psicóloga en el psiquiatra y tomándose pastillas como si fueran sugus!

Si ya de por sí una persona que experimenta ansiedad siente incomprensión por parte de los demás, en mi caso le tuve que sumar la incredulidad de la gente. ¿Cómo vas a tener ansiedad, si eres psicóloga? ¡Sabrás qué hacer!

Pues no, no sabía qué hacer. Comprendía lo que me pasaba, a nivel teórico si quieres, pero no sabía qué hacer con aquello.

Imagínate la crisis.

Con el tiempo me di cuenta de que creer que, por ser psicóloga, iba a estar blindada contra la ansiedad es lo mismo que creer que un médico no puede padecer un cáncer o que, por ser médico, se curará mucho más rápido. 

En realidad, nunca dudé de que la terapia funcionase, pero empecé a replantearme todo lo que había aprendido hasta entonces.

Leí un montón, cambié de terapeuta, investigué, probé técnicas, hice formaciones…

Por suerte sí, sí que funciona. Lo que pasa es que:

  1. Hay que encontrar la terapia (y, sobre todo, al terapeuta) adecuados.
  2. No va a la velocidad de la luz.

PD: no quiero que me malinterpretes, no es que mi primer terapeuta fuera un completo inútil, para nada, era excepcional en muchas cosas. Sencillamente, no siempre tenemos en enfoque adecuado o sabemos lo suficiente para determinados problemas.

Todo esto está genial, pero entonces ¿Por qué yo tengo ansiedad y mi vecino de enfrente no?

Esta es una pregunta que me hacía muy a menudo; ¿Por qué yo? ¿Por qué a mí? ¿Por qué si hago terapia y sé mucho de todo esto? ¡Oh, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?!

Puede que tú también te lo hayas preguntado, a tu manera.

Mira, la ansiedad es como un vaso (en realidad he descubierto que casi todo en la vida es como un vaso):

En el fondo del vaso estarían los factores genéticos de vulnerabilidad. Sí, mala suerte, los hay que somos más propensos a padecer ansiedad. 

Por ejemplo, las mujeres la padecen más que los hombres.

Después viene la crianza: la relación con nuestros cuidadores, nuestras experiencias infantiles… Que puede llenar el vaso un poco más.

Después, el entorno socioeconómico…

Después las crisis vitales…

Después, los conflictos diarios…

Y así, el vaso se va llenando y llenando hasta que un día, estás leyendo en el metro un libro de Chuck Palnuik que se llama, nada casualmente, «asfixia» y tu vaso se desborda. Así es, por lo menos, como me pasó a mí.

Nota personal: qué bien que elegiste ser psicóloga y no diseñadora gráfica

Normalmente no lo hace de golpe, ¿recuerdas eso que te he dicho de que mi cuerpo me fue avisando? Lo que ocurre es que no le solemos hacer caso.

Ninguno de estos factores explica POR SÍ SOLO, la ansiedad. Por eso mucho ojo con hacer autodiagnósticos precipitados del tipo:

«… esto me pasa porque… y entonces… por lo tanto si consigo dejar de… mi vida será mágica y maravillosa».

La mayoría de mis pacientes vienen con una idea muy clara de por qué sufren ansiedad. La desventaja es que suelen coger cosas cercanas en el tiempo, cosas que recuerdan bien: «mi pareja me ha dejado», «mi perro me ha dejado», «tengo mucho estrés con los estudios», «he descubierto que para 2050 la mitad de las playas del Mediterráneo habrán desaparecido» …

Generalmente están bastante lejos de entender las razones de su ansiedad o, por lo menos, gran parte de ellas.

El caso es que no hay una respuesta universal, así que lamento no poder contestar a por qué tú, en concreto, sufres ansiedad.

Lo que sí puedo decirte es que en terapia puedes empezar a vaciar ese vaso.

No es fácil, no es una técnica milagrosa que vaya a cambiar tu vida mañana. (***Aviso a navegantes: la mayoría de esas técnicas son a corto plazo, sirven como parches, pero no solucionan el problema de fondo), pero es efectivo.

¿Por qué lo que se hace en terapia no lo puedes conseguir con un libro de autoayuda o leyendo en Internet sobre tu problema?

Mira, hoy en día hay un montón de información accesible sobre cualquier problema.

Internet está lleno de consejos (tips si quieres darle un toque más glamuroso) para solucionar tu ansiedad.

Y hay un montón de literatura de autoayuda para superar cualquier crisis.

Y, sin embargo, la gente sigue viniendo mucho al psicólogo. Mucho. De hecho, cada vez más, por suerte.

¿Por qué?

Pues porque hay un error de base en la forma en la que se «ataca» y «entiende» la ansiedad. Empezando por lo que muchos psicólogos hacen o muchos profesores/gurús enseñan.

Te lo digo yo, porque cuando empecé a sufrir ansiedad me di cuenta de que la mayoría de las cosas que había aprendido en la carrera (y hablo de la carrera, no de un blog escrito por cualquier no-experto) no me servían para (casi) nada y de que mi psicólogo de por aquel entonces tampoco tenía las estrategias para ayudarme.

Ok, sí.

Hay problemas que mejoran con la autoayuda, no te voy a mentir. Y es mucho más económica.

Siempre está bien aprender de nuestros conflictos y buscar estrategias que nos sirvan. De hecho, puedes venir a terapia y leer autoayuda y las dos cosas estarán genial.

Yo no te puedo enseñar ninguna herramienta que, rebuscando mucho, no vaya a haber explicado algún psicólogo/coach/gurú en algún curso/formación/libro/fin-de-semana-cambiavidas, o lo que sea.

Entonces, ¿qué te puedo ofrecer yo por cuatro veces el precio que pagarías por una biblioteca de autoayuda?

Pues no te voy a responder yo, te va a responder Frieda Fromm-Reichmann, que sabía mucho más de todo esto que yo. Ella decía:

El paciente necesita una experiencia, no una explicación.

Como suelo decir yo, «ya venimos pensados de casa» y si tienes ansiedad puede que vengas «muy, pero que muy pensado de casa», incluso puede que vengas «muy leído de casa».

La terapia es la experiencia.  

La de la izquierda es Frieda, psiquiatra y psicoanalista alemana. Yo soy la de la derecha.

¿Qué es exactamente tu ansiedad y por qué muchos de los consejos que resultan intuitivos pueden acabar siendo contraproducentes?

Lo primero; olvídate de que somos racionales, no es cierto, somos mucho más emocionales. No digo que no razonemos, ojo, pero como decía Roberto Aguado:

La emoción decide y la razón justifica.

Bien.

¿Qué emoción es la ansiedad?

Miedo.

¿Y cuál es la función del miedo?

Pues su única meta es asegurar nuestra supervivencia.

Cuando tenemos pánico hay una zona del cerebro que está tomando el control: la amígdala. Es una estructura cerebral con forma de almendra a la que yo llamo “el detector de humos”. Porque está analizando todo el rato el ambiente en busca de peligros.

La amígdala es el cerebro emocional y a ella le importa poco que le cuentes historias sobre por qué tienes que estar tranquilo y relajarte, está preparada para responder en automático (sin que medie pensamiento, conciencia o razón).

Piensa que es una estructura muy antigua. Que ha evolucionado a lo largo de milenios.

Problema: muchas de las técnicas o terapias para controlar la ansiedad están muy enfocadas en lo cognitivo, es decir, en estructuras mucho más modernas como el córtex prefrontal y «se olvidan» de la parte emocional, de la amígdala.

Te lo explico con un ejemplo:

Imagina a nuestros antepasados cuando tenían que escapar de un tigre. No se podían para a pensar y a trazar un plan (cosa que hace el córtex) sobre qué era lo mejor, tenían que salir pitando o se los comerían.

Cuando sufres un nivel de estrés muy alto (como en un ataque de pánico) tu amígdala «desconecta» tu cerebro racional, no quiere que pienses, eso lleva demasiado tiempo; quiere que luches, huyas o te paralices; las tres únicas respuestas que TODOS tenemos ante el miedo.

Hoy en día ya no nos persigue un tigre literalmente, pero tenemos muchos otros «tigres» en nuestra vida.

Tigres, además, que se camuflan bastante bien, que parecen situaciones inocuas, pero que tienen un particular significado de «peligro» para nosotros.

La mayoría de los miedos son memorias de situaciones que en el pasado (cuando teníamos menos recursos) nos han metido en problemas. La amígdala detecta estos estímulos familiares (el humo) y desencadena la alarma sin que puedas hacer nada por evitarlo:  hasta ahora.

El de arriba es un ejemplo muy simple para que lo entiendas, pero hay tigres mucho más complejos y camuflados, muchos incluso, de memorias implícitas; esto es, eventos o situaciones que no recordamos conscientemente.

***Aviso a tripulantes: tu cuerpo sí lo recuerda. Sino, pregúntaselo a esa bola en el pecho que hace que te cueste llenar los pulmones de aire.

Y Repito: es automático. Olvídate de desactivar eso pensando muy fuerte. 

Tú lo entiendes, pero tu cuerpo no.

Cuando se trata de detectar el peligro y reaccionar frente a él, el cerebro (de los vertebrados) no ha cambiado mucho. En ciertos aspectos, seguimos siendo lagartijas emocionales.

Lo que la gente no suele entender es que la ansiedad es muy física. El pánico no se piensa, se siente en el cuerpo. 

Y cuando nos sentimos en peligro, no necesitamos que alguien (o nosotros mismos) nos diga que no pasa nada, que estamos bien, que nos tranquilicemos.

No necesitamos saber que estamos seguros, ¡eso ya lo sabemos! Necesitamos SENTIR que estamos seguros.

La desventaja de la mayoría de técnicas que leemos para controlar la ansiedad es que van a nuestro cerebro racional, pero en realidad, TODAS las personas que tienen (o hemos tenido) ansiedad, saben conscientemente que no hay nada que temer, el problema es que no lo sienten así.

Juan José Millás hablando de la ansiedad decía:

No ha sucedido nada, no va a suceder nada, lo sabes por experiencia, pero la racionalización no funciona.

Por cierto, ¿sigues queriendo saber cuál es ese ansiolítico del que te hablaba, que está al alcance de tu mano, es muy efectivo y es gratis?

Pues se trata del contacto humano. 

Claro, no cualquier contacto. No podemos destapar sentimientos especiales en entornos o con personas no especiales.  No podemos mostrarnos vulnerables con cualquiera.

Pero, un contacto genuino, protector, fiable… es mágico. No lo tienes que pensar mucho, tu cuerpo (tu sistema nervioso) lo siente enseguida y se calma.

¿Esto quiere decir que siempre vas a tener que estar pidiendo que alguien te de un abrazo o se siente contigo el sofá a acariciarte el pelo y decirte palabras bonitas cuando aparezca la ansiedad?

Por suerte no, para ir más allá está la terapia.

¿Qué conseguirás si vienes a terapia?

AVISO

La terapia no se parece en nada a darte los consejos que te puede dar tu madre, tu primo o una taza de Mr. Wonderful.

  • Por qué, seguramente, sigues llenando el vaso de tu ansiedad y cómo empezar a vaciarlo.
  • Los errores a evitar (que también cometí yo y que cometen todos mis pacientes) que están ralentizando tu recuperación.
  • Cambiará tu percepción de la ansiedad. De forma que dejes de pelearte con ella; cosa agotadora y tremendamente ineficaz y sepas exactamente qué hacer cuando aparece.

Te enseñaré el sistema que hará que empieces a entender y relacionarte con tu mente de otra forma. Por cierto, no sólo te servirá para la ansiedad, te ayudará con cualquier otro conflicto en tu vida. 

  • Cómo enseñarle a tu cerebro a sentirse seguro. No a «pensar» o «convencerse» de que está seguro (con bastante probabilidad esto ya lo has intentado sin éxito). A sentirlo.
  • Darte cuenta de tus patrones y automatismos, comprender y apropiarte de tu historia. Este es el primer paso para empezar a cambiarlos. No podemos tener control sobre aquello que no conocemos y, aunque «entender» algo, como hemos visto, no nos libra de ello, se produce un gran alivio cuando por fin nos enteramos de porqué nos pasa lo que nos pasa. Dejamos de sentir que estamos locos o que hay algún «defecto de fábrica» en nosotros.
  • Una sencilla forma de acceder a tu subconsciente.

Igual tú no quieres, o me dices que eso es lo que hacía Freud y que se ha demostrado que el psicoanálisis es una patraña.

Eso no lo sé.

Lo que sí está demostrado es que el 90% de lo que hacemos/sentimos/pensamos está condicionado o es automático. Es decir, que tu cerebro lo decide sin consultarte.

  • Cómo se relaciona tu ansiedad con tu historia: y no con la mía, ni con la de mi vecina, ni con la del que escribió ese libro de autoayuda y la superó yéndose de mochilero a Latinoamérica, ni con todo el que tiene ansiedad.
  • La forma más efectiva (por lo menos la más efectiva que yo conozco) de pasar del «modo supervivencia»: en el que sientes miedo, te bloqueas, no te concentras, te obsesionas… al «modo crecimiento»: en el que te sientes seguro, despierta tu creatividad, el juego, las relaciones… de forma práctica.

    ***Nota: son dos sistemas biológicos diferentes y no se puede estar en ambos a la vez, si estás sobreviviendo no estás creciendo.
  • Perder la fobia a tus sensaciones corporales. La mayoría de personas que hemos sufrido ansiedad nos volvemos fóbicos a los síntomas.

Eso hace que hagamos virguerías para evitar volver a sentir la ansiedad y que cuando aparece algo que «identificamos» como ansiedad sea fácil que entremos en pánico y la ansiedad escale hasta límites insoportables. 

Yo te ayudo a dejar de tenerle miedo al miedo.

  • Localizar y desactivar las memorias implícitas (los tigres) que tiene tu mente y que hacen que la ansiedad se dispare.
  • El hábito que te ayudará a acabar con los ataques de pánico. Es un hábito, no una técnica milagrosa que te reprograma el cerebro en 10 minutos. Requiere esfuerzo y compromiso por tu parte, pero los beneficios merecen la pena.
  • Cómo simplemente «expresar tus emociones» puede no surtir ningún efecto y qué hacer para no sólo expresarlas sino transformarlas.

    ***Nota: Es la principal razón por la que mucha gente se tira tantos años con su ansiedad sin que esta mejore apenas.
  • Aprenderás a cambiar desde la emoción y no desde la razón.

El camino es muy diferente, desde la razón sólo se puede cambiar con mucha disciplina y los cambios sólo duran lo que dure tu fuerza de voluntad. Es como nadar a contracorriente. Desde la emoción no luchamos contra los comportamientos, los comportamientos cambian por sí solos cuando nos sentimos diferentes.

  • Qué es el mindfulness que tan de moda está y cómo aplicarlo, aunque a ti sentarte a meditar te de urticaria.

    ***Pista: no son sofisticadísimas técnicas de meditación que te pueden dar pereza, es una estrategia sencilla que está en la base de esta filosofía y que es la clave de que funcione.
  • Cuál de las habilidades del córtex prefrontal sí que es infalible para atajar la ansiedad y cómo aprender a usarla. Pista: no tiene nada que ver con pensar, analizar, planificar y darle vueltas a las cosas sin llegar a ninguna parte.
  • Lo que un terapeuta y profesor mío al que admiro mucho me enseñó acerca de la ansiedad y que cambió radicalmente la forma que tenía de enfrentarme a ella.
  • La forma de tomar distancia de tus emociones para que no te engullan y cómo pasar de la co-regulación (en terapia conmigo) a la autorregulación (tú solo/a en cualquier lugar/circunstancia). La regulación es lo que coloquialmente se conoce como «gestionar tus emociones».

¿Y no puedo ir directamente a la casilla «autorregulación»? Me dirás.

Y te diré que depende: de tus capacidades, de tus experiencias anteriores… la verdad que no sé cómo de rápido será hacerlo por tu cuenta. Sólo te diré que si sufres ansiedad es probable que haya carencias en ambos aprendizajes, si no, no la padecerías. Como decía mi profesor, Mario Salvador:

Son las relaciones las que nos enferman y nos curamos en relaciones sanas.

  • Por qué la ansiedad no es culpa tuya (ni de tus padres) y cómo se puede pasar de ser un obstáculo a ser una, si no la mejor, oportunidad que has tenido para crecer.
  • Cómo enseñarle a tu cerebro a situarse en el «aquí y ahora» (eso que repiten todos los gurús como papagayos sin saber muy bien qué significa) de forma práctica.
  • Trabajaremos los aspectos de los que se olvidan muchas terapias psicológicas: emocionales, corporales y vivenciales. Por eso, esta terapia puede ser para ti aunque no te haya funcionado antes ir al psicólogo.
  • Dejar de ser tú sin convertirte en otro. Probablemente el mejor beneficio colateral de hacer terapia.
  • Mejorar tu vida globalmente y no «a trozos». Venir a terapia no sólo te ayudará a mejorar tu ansiedad.

Mejorar tu vida globalmente y no «a trozos». Venir a terapia no sólo te ayudará a mejorar tu ansiedad. 

¿Confías?

Yo tenía un profesor que siempre nos decía:

«La gente que viene a terapia siempre tiene problemas para confiar; los que no vienen también, sólo que más graves».

Jajaja

En fin. Que lo que te quiero decir es que entiendo que el paso de venir a terapia es difícil a veces. Más si nunca has ido a terapia.

Pero oye, es cuando arriesgamos y nos salimos de lo confortable que podemos crecer.

Sesión individual

de psicoterapia
60 Sesión
  • 60 minutos
  • Presencial (Madrid) u online (si quieres, en pijama desde tu casa)
  • Puesde venir con la frecuencia que quieras/necesites.

5 sesiones

de psicoterapia
250 5 sesiones
  • Sesiones de 60 minutos.
  • Presencial (Madrid) u online
  • Nos vemos semanalmente
Bono

Preguntas frecuentes

Lo primero: si hubiera encontrado un método infalible que hace desaparecer la ansiedad en 10 sesiones en vez de estar contándote esto estaría forrada, viviendo en algún idílico destino mientras vendo mis soluciones «cambiavidas» por Internet.

Simulación de mi vida como nómada digital cuando encuentre la solución definitiva para eliminar la ansiedad en 5 sencillos pasos.

 

Ahora, respondiendo honestamente a cuánto tiempo necesitarás de terapia: no lo sé.

Siento decepcionarte, pero es imposible para mí siquiera aproximarlo.

¿Cuánto tarda uno en aprender a sentirse seguro? Pues depende de muchas cosas, pero, sobre todo, de las experiencias de seguridad/inseguridad que hayas acumulado y de las que empieces a acumular a partir de ahora. Aprendemos por repetición, lo bueno y lo malo. 

Piensa lo siguiente: ¿Cuánto tarda alguien en aprender a tocar un instrumento? Y si, por ejemplo, has aprendido a tocar la guitarra con la mano mal colocada, ¿cuánto tardas en reaprender a colocar la mano de otra forma?

Ahora imagina que ese instrumento eres tú.

Sólo te diré que depende de tus objetivos. Hay personas que en cuanto se encuentra un poco mejor abandonan y otras (como yo) que le pillan el gustillo y se tiran tres años.

Para mí la terapia es como ir al gimnasio. Una forma de mantener mi mente y mi vida en orden. Con una salvedad: lo que aprendes en terapia te lo llevas incorporado y cuanto más lo practicas fuera mejores resultados ves.

Por mi parte, haré todo lo posible para que la terapia sea eficiente, es decir, que dure el menor tiempo posible.

Aunque, también te digo: la ansiedad tiene que ver bastante con «la prisa», así que, deseo sinceramente que puedas concederte el tiempo que necesites para recuperarte. Ni más ni menos.

Pero no son tres sesiones. De verdad.

No quiero transmitir ese mensaje o hacerte perder el tiempo con una sesión de lo que los psicólogos llamamos «ajuste de expectativas respecto a la terapia».

Yo necesité terapia y la experiencia me demuestra que, especialmente para trastornos relacionados con el miedo, es mucho más útil y efectiva que ser un lobo solitario. 

Además, la mayoría de los artículos de Internet o libros de autoayuda se centran en técnicas muy concretas que requieren mucho esfuerzo, disciplina y constancia.

De entre las cuales, muchas resultan inefectivas para combatir ciertos trastornos como la ansiedad, porque van a tu córtex y no se encargan de tu amígdala (recuerda que esta desconecta tu cerebro racional cuando siente mucho estrés).

Por si no fuera suficiente, cuando estamos en plena crisis solemos leer de aquí y de allí sin practicar la mitad de las cosas y sin saber discriminar lo que es bueno de lo que no. Total, que acabamos como pollo sin cabeza.

Si yo hubiera tenido que confiar mi recuperación o mi crecimiento personal a la fuerza de voluntad no sé qué habría sido de mí.

¿Qué ocurre entonces si no tenemos fuerza voluntad o estas cosas no nos funcionan? Digo lo de la fuerza de voluntad porque muchas veces estas estrategias requieren que «luches contra ti mismo y tus emociones» y como estas emociones no están sanadas, la lucha puede durar toda la vida.

Te contaré un secreto: en realidad la terapia no va (por lo menos en su mayoría) de aprender herramientas, ni de recibir consejos, ni de aplicar algún método súper efectivo, porque naturalmente para eso puedes leer en Internet o cualquier libro.

Va de que las historias se cuenten, de que los sentimientos se expresen, de que los bloqueos comiencen a fluir, va de crear un vínculo contigo mismo, de redescubrirte y de adquirir un nuevo sentido del Yo.

“…Los enormes esfuerzos de investigación empírica han fracasado al intentar correlacionar resultados positivos con técnicas específicas (o modelos de psicoterapia) y sugieren que estas correlaciones jamás aparecerán… la efectividad de una psicoterapia se debe sobre todo a los factores del cliente y la relación terapéutica, no a la expertise, ni a las técnicas utilizadas de cualquier orientación teórica en particular…”. The Heart and Soul of Change: What Works in Therapy, APA (Asociación de Psicología Americana, 2010).

Al cerebro se le enseña con la experiencia.

Por eso habrás oído que es mucho más importante practicar algo que leer sobre ello. Si no dejas de tener ansiedad le estás enseñando a tu cerebro que no tienes el control, que estás inseguro.

Aun así, yo ¿qué te voy a decir? Aquí hay un conflicto de intereses clarísimo.

Así que mira, tú prueba, no te digo que no te vaya a ir bien sin mí. Y si en algún momento decides lanzarte, estaré aquí mismo.

Desde luego.

El compromiso es contigo, no conmigo.

De hecho, tengo una máxima y es que en mis sesiones no harás nada que no quieras hacer. Incluido, como es obvio, venir a terapia.

No nos engañemos, ambos sabemos que ningún psicólogo te puede retener contra tu voluntad. Si no obtienes resultados, simplemente te irás.

Pero es que, además, mi objetivo es que puedas vivir de la manera más autónoma, libre y adulta posible. Así que considero fundamental que puedas implicarte y decidir sobre tu propio proceso de terapia.

En realidad, por experiencia, sé que lo que impide a la gente venir a terapia más tiempo no es ni el compromiso, ni el miedo (que a veces también) es, por regla general, el dinero.

Te voy a contar un secreto: a mí me ha pasado.

Yo he tenido que dejar la terapia cuando no he tenido una economía del todo boyante. Lo bueno es que lo que he hecho en terapia me ha permitido seguir en crecimiento en las etapas en las que no he ido a terapia.

Sin embargo, permíteme que me explaye con este tema porque es importante.

La terapia puede no resultar barata si la miras mes a mes, o por horas. Pero también es cierto que es asequible para mucha más gente de lo que parece. Suele ser una cuestión de prioridades.

A ver, lo de caro o barato es relativo, yo te puedo hacer las típicas comparaciones de «carpetilla».

Como que, a lo largo de una vida, ni aunque vayas semanalmente a un psicoanalista ortodoxo que te tenga 8 años en su consulta, gastarás más de un euro al día en terapia. De hecho, a lo largo de tu vida, gastarás más en cualquier otra cosa;

En un coche, una casa o vacaciones, pero también seguramente en cosas más triviales como el gimnasio, ropa, café o copas.

Es así, puedes echar las cuentas.

Sin embargo, estas comparaciones son absurdas, porque sólo tendrían sentido si los beneficios que obtuvieses fueran similares.

Y oye, no seré yo quien se meta en eso. Muchas de estas cosas te pueden sacar del apuro si piensas «a corto plazo».

A pesar de todas estas explicaciones racionales, las emociones, como ya has visto, van a su bola. Así que por supuesto que a mí me dolía pagarle 65€  la hora a mi terapeuta en su momento.

Sabía que necesitaba la terapia pero, a veces, estaba en conflicto interno.

Quizás a resolver este difícilisimo (sin ironía) dilema, te ayude, como me pasó a mí, el tío de mi amiga María.

Es un tío con pasta, busca buenos profesionales y estos no suelen tirar precios.

El caso es que un día nos cuenta que una amiga suya estaba yendo al nutricionista, pero no veía resultados. Entonces le preguntó que cuánto le cobraba y ella dijo que 10 euros la sesión. El tío de mi amiga María se rió y le dijo:

¿Pero de verdad pretendes adelgazar por 10 euros la sesión?

Jajaja

No dio más explicaciones. Cualquiera podría pensar que un nutricionista que cobra eso no es un buen profesional, que incluso puede que NI SEA NUTRICIONISTA.

Pues podría ser.

Pero hay otra cosa más importante:

Y es que si uno paga un precio considerable por un servicio se compromete más con su proceso. Nos dejamos de tonterías, nos arremangamos y nos metemos en el fango. Es así, queremos hacer que ese dinero merezca la pena, queremos sacarle partido.

Y eso es muy positivo para la terapia.

PD: él está yendo a un nutricionista que le cobra 100 euros la sesión y le va bastante bien.

Yo no sé lo que debes o no debes hacer, no te conozco. Pero probablemente tú sí lo sepas. Bien tú, bien lo que yo llamo tu intuición; esa vocecilla interior que te dice cosas de las que te fías.

Me atrevo a asegurar que, si me has leído hasta aquí, significa que has conectado conmigo, o que por lo menos, alguna parte de ti presiente que tiene sentido lo que te he contado, que te encaja y que te puede funcionar.

Y eso ya es mucho.

El resto, como todo en la vida, es probar y ver qué pasa si hacer algo distinto.

Esto me lo preguntan mucho.

Las sensaciones son tan desagradables que imaginar que tendremos que vivir con ellas para siempre es terrible. Y, siento decepcionarte, pero no.

A veces, las vuelvo a sentir, lo que ocurre es que ya no me dominan, ya no crecen como la espuma y se hacen tan abrumadoras que entro en pánico (no he vuelto a sentir un ataque de pánico, eso sí). Y evidentemente, todo lo demás, disminuye en frecuencia/intensidad y duración.

Pero es innegable que el cerebro recuerda y pedirle que se olvide de todo es querer jugar a la vida sin mancharse.

La madurez mental no se nota en el tipo de emociones que tienes, sino en el grado de distancia que logras mantener con ellas.

Lo que sí te recomiendo es que si esto te está pasando te pongas en marcha ya. Cuantas más experiencias negativas sufra tu cerebro más lejos está de recuperarse.

Yo ahora veo mi ansiedad como un regalo, porque lo mejor que te da la terapia:

Mejor que dejar de sufrir ataques de pánico, que lo haces.

Mejor que despedirte de la bola en el pecho o de las rumiaciones, o de las taquicardias, que también.

Es que creces, maduras, en todos los ámbitos de tu vida, te vuelves más consciente, más tranquilo, con más autoestima, te enfadas y te frustras menos, te sientes menos desbordado y menos a menudo.

Y eso se refleja en todos los ámbitos de tu vida: en tu trabajo, en tus relaciones personales, en tu salud.

Recuerda, lo que más queremos los seres humanos es sentirnos seguros, si no nos sentimos seguros es imposible crecer, porque lo importante es sobrevivir.

 

Por supuesto, puedes coger esta opción o ambas opciones. Por ejemplo, si una tarde de invierno estás en pijama en casa y no te apetece recorrerte medio Madrid.

Testimonios

He decidido no poner testimonios de pacientes que he tenido en terapia, alabando lo bien que lo hago, entre otras cosas porque tengo que proteger su privacidad y porque, seamos honestos, me los podría inventar (tengo muchos amigos y familiares que me quieren y piensan que soy una excelente profesional).

Sin embargo, cuando tenía ansiedad leía muchos testimonios de gente que también la padecía. Y ayuda.

Con eso, mi experiencia y las experiencias de mis pacientes me he dado cuenta de que, aunque cada proceso es único, todos los que hemos tenido ansiedad y hemos salido de ella coincidimos en que:

  • La ansiedad es un aviso. La mayoría lo que queremos es que desaparezca, que se esfume, pero piensa una cosa, si te duele el estómago ¿Pedirías que te lo extirparan o que te lo curaran? Pues eso hay que hacer con tu mente.
  • La ansiedad no mejora por sí sola, no mejora si no te pones de frente a ella. La ayuda psicológica es fundamental en la mayoría de los casos de ansiedad. Más importante aún que la farmacológica (lo cual, no quiere decir, que usar medicamentos esté mal).
  • El proceso es difícil y la recuperación no es rápida.
  • Las actividades que más ayudan tienen que ver con la respiración, la relajación, la meditación, el mindfulness, visualizaciones guiadas… (todas las utilizo en terapia).
  • La ansiedad es una gran maestra: te obliga a desaprender y a aprender, a crecer, a conocerte a ti mismo, a reorientar tu vida. Es un proceso que va de la continua lucha/huida a los permisos, el compromiso y la aceptación. Se convierte en la guía para descubrir el camino hacia la felicidad, la tranquilidad y el equilibrio interno.
  • Muchos coincidimos en que el gran cambio ha estado en nosotros y no en nuestras circunstancias. Este nuevo cambio de perspectiva, esta nueva forma de sentir, pensar y comportarte, la podrás aplicar de aquí al día en que te mueras con mucho mejor resultado que lo que venías teniendo hasta ahora. No mejoramos «a trozos» lo hacemos de forma global, de modo que la persona que eras antes de la ansiedad, la que serás durante y la de después son completamente diferentes.
  • Cada cual ha de descubrir, finalmente, su propia fórmula mágica para superar la ansiedad, ya que cada historia y los motivos por los que cada uno sufrimos ansiedad son únicos e irrepetibles.
  • De la ansiedad se sale. Es un mal trago, de los peores de la vida, pero si no quieres, no te quedas atrapado ahí para siempre.

Cuéntame cómo puedo ayudarte

Rellena el siguiente formulario y me pondré en contacto contigo en menos de 48 horas.

Información básica sobre protección de datos

  • Responsable Beatriz De Ureta Agüera .
  • Finalidad Responder tus consultas.
  • Legitimación Tu consentimiento.
  • Destinatarios Beatriz De Ureta Agüera.
  • Derechos Acceder, rectificar y suprimir los datos.

psicologa-madrid
¿Cómo puedo ayudarte?

Responsable: Beatriz De Ureta Agüera Finalidad: Gestionar y enviar información a través de correo electrónico. Legitimación: Tu consentimiento. Destinatarios:  Tus datos se guardan en MailChimp, que cumple con el RGPD. Derechos: Tienes, entre otros, derecho a acceder, rectificar y suprimir tus datos cuando quieras.