Necesito ayuda psicológica…

No hay que estar mal, ni siquiera muy mal, para acudir a un psicólogo.

Lo dice Josep Vilajoana, vicepresidente del Consejo General de la Psicología de España.

De hecho, las estadísticas muestran que 1 de cada 4 personas necesitarán ayuda psicológica a lo largo de su vida. Sin embargo, sólo 1 de cada 100 españoles irá a terapia. Claramente, alguien no nos ha enseñado a detectar y pedir ayuda cuándo la necesitamos.

Así que 1 de cada 4.

Bien.

Yo voy más allá, creo que todo el mundo se beneficiaría muchísimo de la ayuda psicológica.

Necesitarlo implica urgencia; es sinónimo de que el problema se ha hecho TAN grande que ya no podemos simplemente “ir tirando”. Sería lo mismo que decir que necesitamos hacer deporte cuando el médico nos dice que tenemos un problema de obesidad.

Mito: ir al psicólogo significa que tengo algún trastorno. Realidad: ir al psicólogo implica dar pasos hacia el bienestar emocional y podemos acudir desde el mismo momento en que nos sentimos perdidos o desbordados.

Síntomas para detectar la necesidad de ayuda psicológica

Cambios de humor constantes

Uno de los síntomas principales es lo que popularmente llamamos “vivir en una montaña rusa emocional”, con continuos altibajos. Generalmente hay una polarización entre episodios muy profundos de ansiedad, preocupación o tristeza en los que sentimos que no hay salida y episodios de alegría y euforia en los que pensamos que todo está bien y que “no es para tanto”.

Experimentar vaivenes emocionales es de lo más natural, el problema viene cuando no sabemos autorregularnos y sentimos que son estas emociones, y no nosotros, las que dominan nuestro día a día.

Siempre deprimido

Mito: ir a terapia es encontrar la clave para sólo sentir emociones agradables. Realidad: ir a terapia ayuda a afrontar los conflictos vitales y las emociones desagradables con asertividad, perspectiva, calma y distancia.

No, ir al psicólogo no te salvará de encontrarte mal a veces. Sentir tristeza, miedo o ansiedad, forma parte de la vida. Sin embargo, las emociones desproporcionadas en intensidad o duración pueden ser síntomas de que necesitas ayuda.

Es especialmente alarmante si sentirte fatal, alicaído o deprimido se ha convertido en una constante en tu vida.

Muchas de nuestras emociones pueden ser recuerdos o hábitos desencadenados por un modo de sentir o de pensar que se ha configurado a lo largo de nuestra historia y que nos resulta familiar.

Estas emociones desproporcionadas se conocen como “emociones elásticas”, porque se estiran y estiran en intensidad y duración: como un chicle. Puede que internamente incluso tu pienses que tu situación “no es para tanto”, pero tus emociones van a su bola.

no sé de qué generación eres, pero a mí de pequeña me alucinaba este chicle kilométrico y que podía durarte horas. Nota: no es igual de alucinante cuando se trata de las emociones.

Ansiedad

Te podría hablar muchísimo de la ansiedad, porque yo la padecí y salí de ella. Así que su tu problema es este específicamente quizás esto te interese: Lo que tienes que saber de la ansiedad antes de decidir cómo solucionarla. 

Incapaz de controlar las emociones

Generalmente, las emociones son difíciles de controlar por dos razones:

  • Porque no hemos aprendido las estrategias o no tenemos experiencia de autorregulación. Por ejemplo, nadie nos calmó o nos enseñó a calmarnos cuando éramos niños.
  • Porque hay ciertas emociones que han sido reprimidas o no expresadas durante muchos años y ahora estallan de manera desproporcionada cuando nos encontramos en una situación parecida. Serían como “heridas psicológicas” que se abren de nuevo cuando nos las recuerdan.

No razonas

Eso de que somos “animales racionales” es una verdad a medias.

A ver, que razonar razonamos y mucho; ya sabes, esto de pensar, excusarse, justificar y darle vueltas a las cosas una y otra vez. Lo que ocurre es que nuestro razonamiento está llenito de sesgos cognitivos, es decir, de creencias, interpretaciones u opiniones que nos impiden analizar la realidad con objetividad.

Es como si tuviéramos una brújula que no apunta al norte. De forma que siempre acabamos perdidos.

Seguro que has oído muchas veces las palabras “autosabotaje”, igual incluso te resulta familiar y piensas cosas como “sí, ya sé que yo soy mi peor enemigo” o “sí, ya sé que boicoteo continuamente mis planes para ser productivo, equilibrado y feliz”.

El hacer cosas que no parecen razonables desde fuera, es decir, que no van a favor de nuestro beneficio físico o mental a largo plazo no significa, evidentemente, que seamos unos descerebrados. Más bien, responde a la influencia de nuestro pasado, especialmente a los aprendizajes nocivos o desactualizados. Estos aprendizajes, han quedado marcados emocionalmente y, se producen de forma inconsciente y automática.

Te encuentras mal físicamente

Seguro que has oído muchas veces que la ansiedad hace que se te caiga el pelo.

Encontrarte mal físicamente es una forma que tiene el cuerpo de “hablar” en su particular lenguaje, de informarte de que algo no marcha como debería.

Un nivel de estrés alto produce sufrimiento emocional y puede tener muchas manifestaciones físicas. Ya sabes lo que dicen “a perro sarnoso, todo son pulgas”. Así que es fácil que cuando estamos en crisis o sosteniendo un sufrimiento psicológico durante mucho tiempo aparezcan síntomas físicos.

A esto se le llama, tradicionalmente, alteraciones psicosomáticas. Pero, aquí entre nosotros te diré, que esto es más una clasificación teórica. En la vida real, es muy difícil determinar qué es psicológico y que físico y lo más habitual es que las dos condiciones interaccionen provocando la mejoría o el empeoramiento de determinados síntomas.

Nuestro cuerpo produce síntomas físicos en respuesta a las emociones todo el tiempo. A mucha gente le tiemblan las manos cuando tiene que hacer una presentación, a otros les late más fuerte el corazón si están ansiosos o hay quienes se sonrojan cuando sienten vergüenza. – O’Sullivan-

Aquí tienes algunos ejemplos de alteraciones físicas que pueden llevar asociado un componente psicológico: acné, dermatitis, asma, hipertensión, síndrome de Colon Irritable, úlceras gastrointestinales, etc.

Tu estado emocional afecta a los distintos ámbitos de tu vida.

El DSM (el manual diagnóstico de los psicólogos y psiquiatras) es como la guía espiritual de muchos profesionales. Yo no soy una gran seguidora, la verdad (en otro momento te cuento por qué). Sin embargo, a veces está bien para saber que lo que nos ocurre les ocurre a muchas más personas y que no somos bichos raros ni estamos locos por sentirnos así.

Bueno.

Pues según este manual, uno de los criterios diagnósticos para definir un trastorno mental es la incapacidad para llevar una vida normal. Definiendo la normalidad como «la capacidad de mantener cierta estabilidad emocional evitando conflictos con los demás y contigo mismo».

Yo sé que la “normalidad” la “calma” o la “estabilidad emocional” son conceptos relativos, pero lo que está claro es que, si la tónica general de tu vida es el caos, el conflicto y los problemas hay algo que no marcha bien.

Beneficios de ir a terapia psicológica

Que sentimos malestar los solemos tener meridianamente claro. Lo más difícil (y angustiante) suele ser localizar estas fuentes de “dolor”. ¿De dónde proceden?, ¿Qué hace que pasemos de un estado jovial y satisfactorio a sentirnos alicaídos y deprimidos? Y encontrar estrategias para solucionarlo.

Nuestros intentos de hacerlo por nuestra cuenta suelen ser infructuosos porque estamos demasiado cerca del problema, nos falta perspectiva, quizás conocimientos y experiencias sanadoras de referencia.

¿Para qué te servirá la terapia?

  1. Aprenderás a localizar el origen de estas emociones, para desactivarlas, poder anticiparte a ellas y, además, aprender a autorregularte; esto es, estrategias para evitar que las emociones se hagan enormes y estén fuera de control.
  2. Mejorarás tu autocontrol: en realidad, no soy muy fan de todo lo que implica “control”, me suena a hacer mucha fuerza para eliminar algo que nos resulta desagradable. De hecho, no creo tanto en el control como en la autorregulación: será una palabra que me oirás repetir hasta la saciedad. Muchos psicólogos hablan de gestión emocional, pero a mí esto me suena a hacer “papeleo interno”. En cualquier caso, lo llames como lo llames, se trata de aprender a regular los estados emocionales demasiado intensos y sanar las heridas del pasado.
  3. Podrás localizar esos patrones de creencias, emociones y comportamientos que te están perjudicando y podrás tomar decisiones más saludables y conscientes que no estén condicionadas automáticamente por el pasado, es decir, que respondan al aquí y ahora.

¿Ir al psicólogo sirve?

Aunque ya estamos bastante concienciados acerca de la salud física no lo estamos tanto de la mental. ¿Te imaginas a alguien que no haya pisado la consulta de un médico en su vida? Pues a mí me parece igual de descabellado no pisar la de un psicólogo. Evidentemente, los habrá que padezcan un resfriado y otros una úlcera, algunos con ibuprofeno y agua ya irán bien y otros necesitarán una operación a corazón abierto.

En cualquier caso, sabemos que “ignorar” que un problema existe no sólo no lo soluciona, sino que puede empeorarlo o cronificarlo.

La gente que no va al psicólogo suele pensar que no sirve para nada, o que es ir a que te den consejos o a descubrirte leyes vitales, aforismos sobre la vida o darte un chute de motivación que te permita ponerte en marcha mañana para cumplir todos tus sueños.

Yo creo en la psicología por dos razones: una, lo he estudiado y conozco sus fundamentos y entresijos, dos, lo he probado y conozco sus beneficios.

Sin embargo: no.

No se trata de que el psicólogo te apriete un par de tornillos para convertirte en un monje tibetano. La terapia es un proceso CON ALTIBAJOS.

Tenemos muy incorporado el modelo médico de salud, en el que tú planteas una dolencia y esperas una solución tangible: — Muy bien, ya sé lo que me pasa ¿Y ahora qué?

Ojalá existiera un libro con la solución paso-a-paso para cada drama vital/conflicto/problema/malestar. El día que consigamos operativizar toda la conducta humana no cabrá en un libro, yo imagino que más bien será algo así:

Lo que te quiero decir es que hay tantas características; biográficas, familiares, contextuales, de carácter y, en definitiva, individuales, que las respuestas tienen que ir “a medida”.

Asumir que los problemas psicológicos ocurren sólo porque “no sabemos lo que hay que hacer” es erróneo. La realidad es que la mayoría ya sabemos “lo que hay que hacer”, nos lo han dicho nuestros padres, amigos, pareja y ¡Hasta el camarero del bar! La dificultad está en que no podemos cambiar porque no sabemos qué está provocando nuestra conducta. Nota: no, el del bar tampoco lo sabe.

Solemos pensar esto: que hay soluciones universales para problemas individuales, sólo que las desconocemos. La realidad es: que las soluciones se diseñan a medida, en un proceso de intervención conjunta en el que el paciente ha de implicarse.

Entonces, ¿necesito yo (insertar nombre) ir al psicólogo por (insertar problema o conflicto)?

Déjame aventurar que si te estás preguntando si necesitas ayuda es porque, de hecho, la necesitas. Si has llegado a este artículo, probablemente ya te estés planteando seriamente que hay cosas que no puedes resolver tú solo.

Siempre me acuerdo de un anuncio de “El Pozo” que decía “bienestar significa estar bien” y nadie mejor que tú para saber si estás bien o mal. Aclaración: el Pozo no patrocina este artículo, ya me gustaría a mí.

Hoy en día vivimos demasiado deprisa, y en ese frenético correr para llegar a ninguna parte el desarrollo personal lo solemos dejar para lo último; priorizamos lo urgente, las exigencias, lo tangible, lo que nos hace sentir bien a corto plazo. La mayoría solemos esperar a vernos inmersos en una crisis para pedir ayuda.

Entiendo que tu cerebro te puede estar contando mil historias acerca de que si el tiempo, el dinero, los miedos, la vergüenza y las excusas. Todo eso puede ser cierto (en parte), pero mi sugerencia es que no esperes a estar peor de lo que estás para ponerte manos a la obra, porque entonces seguro que la inversión en tiempo, dinero, miedos y vergüenzas será mucho, mucho mayor.

Cómo decía Javier Cid

Hay que estar muy cuerdo para cruzar el umbral de la consulta de un psicólogo por primera vez.

Y además, dicen que quien prueba, repite.

 

 

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