Cómo detectar y evitar el bloqueo emocional

Dice la psicología (que no yo) que sólo hacemos dos cosas en la vida: acercarnos a lo que nos gusta o nos beneficia y alejarnos/defendernos de lo que no nos gusta o nos hace daño.

Pero, ¿qué ocurre si lo que no nos gusta está dentro de nosotros? Por ejemplo, ¿un pensamiento, una emoción o una sensación? ¿Cómo huimos de ello?

Una de las estrategias que «elegimos» es el bloqueo emocional o bloqueo mental, que nos permite «escapar» de las sensaciones o los pensamientos que nos desagradan o nos superan.

Nos permite, tal y como cuentan Simon and Garafunkel en su oda al aislamiento emocional I am a Rock, blindarnos dentro de nuestra armadura. 

A cambio nos puede llevar a la parálisis, confusión, sensación de estar robotizados, dificultades para pensar o tomar decisiones, pérdida de energía, insatisfacción, imposibilidad de sacar planes adelante, tensión interna…

¿Cómo llegamos hasta aquí? ¿Es esto útil? ¿Cómo superarlo?

Te lo cuento más abajo.

¿Qué es el bloqueo emocional?

Lo primero que tienes que tener claro es que el bloqueo emocional, como cualquier otra estrategia de supervivencia, lo pone en marcha tu inconsciente sin que tú participes.

¿Por qué?

Pues porque, por lo general, esta estrategia se aprende de forma muy temprana (posiblemente en la infancia), como un modo de amortiguar emociones muy fuertes y difíciles de controlar en situaciones traumáticas. Si con «situaciones traumáticas» estás pensando en la vida de Ana Frank te recomiendo que le eches un ojo a este artículo sobre qué es exactamente el trauma psicológico y cuáles son sus efectos. 

Ten en cuenta que de pequeños somos mucho más vulnerables y necesitamos adultos empáticos y cercanos que nos puedan ayudar a nombrar, contener y regular todo nuestro mundo emocional. Si esto no se produce, pondremos en marcha las estrategias de las que dispongamos, que, cuanto más pequeños seamos, más «primitivas» serán.

Entre estas estrategias, una es la de desvitalizar el contacto con la experiencia (aislarnos); es como si pusieras un colchoncito entre tú y el ambiente para protegerte de sentir. Estos comportamientos infantiles, que eran adecuados en su momento, si los repites de forma crónica, te causarán problemas.

Para explicarte exactamente en qué consiste, vamos a imaginar que las emociones son como agua, como una corriente de un río fluyendo incesante.

El río siempre se mueve y el agua se adapta a la orografía, es decir, que si pasa por un terreno escarpado seguramente el agua salte y golpee, si viene un precipicio se desplomará y aumentará su velocidad y si llega a un terreno llano fluirá con calma. (Recuerda que, aunque diga que tú lo haces o lo repites o lo construyes, mucho de esto ocurre de manera inconsciente).

Las emociones son como «alarmas» que responden al entorno, para eso sirven, para alertarnos y permitirnos tomar acción.

Supón que el terreno se pone escarpado, por alguna situación difícil, por ejemplo: te han despedido del trabajo, has roto con tu pareja o tu proyecto de nomadismo digital va de mal en peor. El agua del río va a comenzar a fluir más rápido, con más fuerza, a golpear contra las rocas. Es lo suyo, el terreno se está complicando.

Vale, ahora imagina que tú tienes cierto poder para parar al río, que puedes controlarlo hasta cierto punto. Por ejemplo, puedes construir una presa.

Pero entonces ¿Qué pasa con el agua? ¿Puedes ver cómo se va acumulando tras la presa generando cada vez más y más presión? ¿Puedes imaginar lo que pasará entonces?

Síntomas para detectar el bloqueo emocional

Agotamiento físico y mental

Construir esa presa no es tarea fácil. Seguramente al principio no montarás una obra de ingeniería, irás probando materiales; que si troncos, que si grava, arena, arcilla u hormigón. Seguramente unos funcionarán mejor que otros. Los que mejor funcionen los usarás más. Pero recuerda que el río no dejará de fluir porque tú construyas la presa. El agua seguirá llegando y generando más y más presión y tú tendrás que construir cada vez una presa más y más alta, más y más gruesa.

Esta presión y la amenaza constante del agua a punto de desbordarse es muy estresante, te puede mantener alerta demasiado a menudo y tu sistema se empezará a agotar.

Quizás empieces a dormir peor, o tengas pesadillas o sientas que no descansas.

Es posible que no puedas pensar con claridad, que no te concentres o que te cueste tomar decisiones.

Tal vez, te sientas abrumado, perdido, atrapado o quizás empiecen las migrañas y las somatizaciones…

Sea como sea, el bloqueo emocional te impide llevar tu vida con normalidad.

Aislamiento social

Construir una presa cuando el río te está poniendo en jaque no es tarea fácil, lo más probable es que te robe mucho tiempo y energía. Tiempo y energía que son limitados. Si los consumes sólo haciendo esto, es probable que no te queden «ganas» para hacer otras cosas importantes y significativas para ti.

Te cuento, como homosapiens que somos, todos tenemos dos «sistemas de acción»: uno de defensa o supervivencia y otro para el manejo de la vida diaria. EL primero se pone en marcha cuando nos sentimos amenazados y el segundo cuando nos sentimos seguros. Uno inhibe al otro, de modo que cuando estamos sobreviviendo (luchando, paralizados o huyendo) no podemos dedicarnos a crecer, explorar, jugar ni socializar.

Volviendo a la metáfora, si estás construyendo la presa, estás con el modo supervivencia ON. No podrás vincularte a otros, porque, de hecho, una de las respuestas que evolutivamente llevamos en la mochila de nuestro sistema de supervivencia es la del aislamiento del grupo para «lamernos las heridas». Esta respuesta ya la traes incorporada como homosapiens, te la han legado tus antepasados y es una de las que se puede poner en marcha cuando te sientes amenazado.

Es decir, que cuando estamos exhaustos no podemos estar implicados en relaciones, porque eso consume mucha energía. Necesitamos retirarnos, recuperarnos y descansar.

Inseguridades y miedos constantes

Recuerda que estás construyendo una presa porque tienes cierto control a la hora de parar el río. Pero cierto control no es todo el control, no puedes hacer desaparecer el agua, eso no depende de ti. El agua es y está independientemente de lo que tú hagas, lo único que estás haciendo es cambiar su curso natural.

Lo que ocurre es que tu presa no será perfecta y tendrás que descansar de vez en cuando. Así que cuando no estés pendiente o haciendo cosas para fortalecerla, es posible que haya fugas, escapes de agua o desbordamientos. Y si llevas mucho tiempo construyendo la presa, habrá toneladas de agua detrás, litros y litros que cuando desborden lo harán con una fuerza cada vez mayor. Tú correrás entonces rápido a repararla y el agua seguirá acumulándose detrás.

¿Por qué? Entre otras cosas porque cuanto más tiempo estás en tu sistema de supervivencia menos tiempo estás en el de manejo de la vida diaria, con lo cual, empiezan a aparecer otros problemas: empeora tu relación de pareja o metes la pata a nivel laboral porque no te concentras, tienes conflictos con tus amigos porque estás irritable… De modo que puede que cada vez te sientas menos competente, más abatido o más superado. Todo esto lo único que provoca es que el terreno se ponga más complicado y que llegue cada vez más y más agua con más fuerza. Así que te tienes que afanar mucho más en construir la presa.

Menudo bucle ¿eh? Salir de esta se está poniendo difícil.

Si quieres aprender a lidiar con tu miedo y otras emociones difíciles te puedes descargar gratis mi miniguía comprende tu miedo.

¿Cómo poder eliminar ese bloqueo emocional?

A estas alturas seguro que ya estás empezando a considerar que esa presa que has construido te está causando demasiados problemas y lo está complicando todo. Lo que pasa es que construir la presa es un mecanismo de defensa, esto quiere decir que, como ya te he mencionado, probablemente lo hagas inconscientemente.

No es tan fácil ver qué conductas te llevan a construir la presa. Esto no es tan intuitivo como pueda parecer. Entre otras cosas, porque hay mucha gente por ahí diciéndote que la mejor idea es que construyas una presa más alta y más fuerte. Por eso te quiero hablar no sólo de cómo permitir que el río fluya sino de cómo dejar de construir la presa.

Combatir con el pensamiento negativo

Mira, el pensamiento, como las emociones, es bastante libre, en el sentido de que tenemos poco o ningún control sobre él. Muchos de tus pensamientos tendrán que ver con tu historia de aprendizaje y dependerán de las circunstancias que estés viviendo (del terreno).

Muchas personas, incluso gente dedicada al desarrollo personal, coaches o gurús de Internet, te dirán que tienes que acabar con las distorsiones cognitivas, sustituyendo los pensamientos negativos por otros más positivos o adaptados a la realidad. Pero, los pensamientos «negativos», así como las emociones «negativas», forman parte de la vida, forman parte de ese río.

Y oye, estoy de acuerdo en que una vida de sólo pensamientos positivos sería mucho más agradable, ninguna duda con que que tu mente te machaque es una cosa que deprime y angustia. Lo que pasa es que ponerte a discutir con los pensamientos o a intentar «racionalizarlos» no es la mejor forma de que dejen de estar ahí, ¿verdad?

De hecho, no quiero que me creas a mí sólo porque soy psicóloga. Vamos a hacer un experimento. Primero mira esta foto de un oso polar durante 1 minuto:

Hey bro!

Ahora, pon el cronómetro durante otro minuto y trata de no pensar en el oso polar.

¿Ya?

¿Lo has conseguido? Si lo has conseguido escríbeme porque tienes algún tipo de súper poder sobrenatural y deberíamos explotarlo (para hacer el bien claro).

Si no lo has conseguido, enhorabuena, eres como el 100% de los humanos sobre la faz de la tierra.

Este experimento nos sirve para saber lo que no hay que hacer: controlar. Olvídate de controlar de ninguna forma tus pensamientos o acabarás enredado con ellos, sintiéndote cada vez peor.

 

Despertar emociones

Para contarte esta parte va a servir el consejo que me dio un amigo odontólogo: no uses Listerine.

A ver, nada en contra de Listerine o de los colutorios en general, cuando los usas con moderación, como todo, están genial. El problema es que el Listerine no discrimina los microorganismos beneficiosos de los perjudiciales, de modo que lo mismo haciendo algo «aparentemente positivo» te acabas cargando tu flora oral y sufriendo consecuencias negativas.

Bien,

Este efecto indiscriminado del Listerine ocurre también cuando anestesias, de cualquier manera, tus emociones. Las estrategias que pones en funcionamiento para anestesiarte de tus emociones tienen un efecto listerine y no sólo afectan a tu capacidad para percibir emociones negativas, sino también las positivas.

Por eso, cuando hay un bloqueo emocional, mucha gente puede empezar a sentir que van como «zombies» por la vida, que ni sienten ni padecen y ya todo les da igual, no les afecta ni lo bueno ni lo malo.

Esto ocurre, de nuevo, cuando estás inmerso en tu sistema de supervivencia. Este sistema, además de la lucha/huida, tiene como respuesta ante la amenaza la parálisis con analgesia.

Si has visto documentales de la 2 alguna vez, es lo que hacen los animales cuando se los va a comer un depredador: hacerse los muertos. Con eso, pueden engañar a su depredador y salir con vida.

Y esto es muy importante: ¿Qué hacen los animales cuando salen de este estado de parálisis? Pues, como diría Taylor Swift: «shake it off», es decir, se sacuden para poder liberar toda la tensión acumulada en el cuerpo.

Así que esta situación puede durar en la naturaleza un tiempo razonable, no mucho, ya que, tras perder el depredador el interés, el animal sale de su estado de parálisis, se sacude y sigue con su vida como si nada.

Inteligente, ¿no?

¿Cuál es el problema?

Pues para los homosapiens, como tú y yo, es doble.

Lo primero es que el mundo se ha sofisticado muchísimo en los últimos años, pero nuestro cerebro no tanto. De modo que tu cerebro sigue detectando muchas amenazas existenciales (lo que yo llamo «tigres» internos), que, además, tendrán que ver con tu historia de aprendizaje y que pueden ser «racionalmente» inocuas. (Te lo explico mejor aquí: pincha y scroll down hasta donde pone «¿Qué es exactamente tu ansiedad y por qué muchos de los consejos que resultan intuitivos pueden acabar siendo contraproducentes»?)

Lo segundo es que los humanos vivimos en entornos muy estables a lo largo de nuestra vida. Por lo general, toda la infancia la pasamos con los mismos cuidadores, o muchos años en el mismo colegio u otros tantos en la misma empresa trabajando. Si tenemos la mala suerte de «caer» en un entorno traumatizante, viviremos mucho tiempo cerca de la amenaza. Es como si la hiena se quedase rondando incansablemente alrededor de su presa días y años. Con lo cual, tu sistema se puede haber desregulado y haberte quedado atrapado en la «parálisis/congelación».

¿Cómo salir de aquí?

Pues como los animales: «shake it off».

Si estás en parálisis necesitas movimiento, tanto físico como mental.

Mi sugerencia es, que busques este movimiento en actividades o direcciones que sean significativas o importantes para ti. Aunque el simple hecho de moverse en cualquier dirección y de cualquier forma puede ayudar, será mucho más potente si lo que eliges está conectado con las cosas que tú realmente quieres para tu vida.

Si se pone en movimiento la psique, ésta se cura sola. El enemigo es la inercia, sea de la energía del cuerpo, muros alrededor del corazón o actitudes fijas de la mente. -Gabrielle Roth-

Meditación

La meditación es estupenda, pero es menos intuitiva de lo que pueda parecer. Solemos pensar que, con sentarte, cerrar los ojos y decir cuatro OMs ya estamos meditando y además solemos usar la meditación con el objetivo de relajarnos, porque todo el mundo asocia la paz mental con la meditación.

Yo te voy a hablar en concreto del mindfulness, porque es la que más se usa en psicología, la que yo también uso y la más conocida.

A ver, la paz mental y la tranquilidad llegan con la meditación, eso seguro, pero de manera colateral. El objetivo principal del mindfulness es «observar sin juzgar», es decir, aceptar NO relajarse.

¿Qué aporta el mindfulness?

Supongamos que a estas alturas del artículo ya has asumido que construir la presa (luchar o huir de tus emociones y pensamientos) no es buena idea. Si vas a abrir la presa, no lo puedes hacerlo de cualquier forma. No vas a simplemente cargártela a martillazos y dejar que te arrastre todo el torrente de agua, que te lleve por delante y te revuelque, eso tampoco parece muy inteligente.

O puede que te hayas dado cuenta de que estás paralizado, que el agua de tu río se ha estancado y, emocionalmente, te has quedado atrapado en las situaciones traumáticas que viviste hace años y de las que ya has salido. No te vas a poner a moverte, haciendo aspavientos con los brazos y chapoteando en el barro de manera caótica, enfangándote cada vez más, ¿no?

Pues estas son las diferencias esenciales que aporta el mindfulness:

La capacidad para poder abrir la presa, pero quedarte en la orilla viendo lo que ocurre. Si las emociones te empiezan a superar, a abrumar, a hacerse demasiado grandes, entonces no estás en la orilla, sino que te habrás metido en el río.

La capacidad para moverte en una dirección conectada con tus verdaderos valores y sentido de vida, estando realmente presente.

Cuanto más lo practicas más distancia puedes tomar de tus emociones y más puedes aceptar lo que venga, a la vez que te reenfocas en aquello que de verdad quieres conseguir en tu vida.

Estos han de ser los objetivos principales del mindfulness. Si lo usas para «relajarte» o para «controlar» tus emociones y pensamientos, estarás otra vez construyendo la presa. Probablemente lo único que consigas sea ponerte más nervioso, acabar pensando que no vales para esto de meditar, que contigo esto no funciona y abandonándolo.

Acuérdate de Lisa en el tanque de suspensión sensorial.

Diálogo interno:
Tengo que dejar de pensar… 1, 2, 3 YA… ¡Ey funciona! ¡Ay no! Eso es pensar…

Desviar la atención y enfocarte en otra cosa

Una vez has abierto la presa, estás dejando que el agua fluya y te hayas puesto en movimiento hacia algo que de verdad te apasiona, la cosa se puede poner incómoda, no te voy a mentir.

Si liberas tus emociones «negativas» o sales de tu estado de analgesia lo más probable es que te sientas mal, incómodo, que te enfrentes a nuevas situaciones estresantes, que sea desagradable, triste, que te dé rabia… Es lo normal, es lo que tiene que pasar, de verdad. Porque para eso sirven las emociones, para alertarte de determinadas cosas. Las emociones quieren lo mejor para ti.

Por supuesto, también experimentarás muchas más emociones agradables y una sensación más amplia de plenitud y sentido, pero imagino que eso no te resultará problemático.

Bien, volviendo a cuando las cosas se pongan incómodas.

Enfocarse en otra cosa puede ser útil, pero tiene que ser diferente a «distraerte». Cuando te enfocas en otra cosa, sabes que el río está ahí, puedes pararte a mirar al río o mirar hacia otro lado, pero cuando mires hacia otro lado seguirás escuchando el río, sobre todo si viene muy fuerte. Escuchándolo quizás puedas tomar buenas decisiones, para cambiar lo que sí puedes cambiar y aceptar lo que no puedes cambiar.

Te pondré otro ejemplo, si acabas de romper con tu pareja, lo normal es que el terreno se complique, que el río venga fuerte, cargado de tristeza, miedo, rabia… Esto está bien así. Así tiene que ser, pero mientras el río fluye tú puedes estar moviéndote hacia lo que es importante para ti: yendo a trabajar, practicando el deporte que te gusta, pintando o haciendo aquello que es significativo para ti.

Si, en vez de eso, llevas mucho tiempo sintiéndote abrumado, superado, perdido… es que estás metido dentro del río. Y si has abandonado todo lo importante y sólo tratas de distraerte del dolor, es que estás construyendo una presa.

Utilizar la escritura como terapia

Cómo usarla para ponerte en contacto con tus emociones

Si lo que te ocurre es que estás paralizado, anestesiado, la escritura puede ayudarte a contactar de nuevo con tus emociones. El simple hecho de llevar un diario ya es una actividad que te obliga a tomar conciencia de lo que ha ocurrido en tu día y te ayudará a estar más presente.

Si te apetece, te puedes poner creativo con tu diario y utilizar colores diferentes para cada día (en función del estado de ánimo que tengas), hacer dibujos, garabatear, colorear…

También puedes utilizar la escritura para despertar esas emociones dejando que tu mano escriba «sin pensarlo mucho», es decir, lo que te venga a la cabeza. No te pongas a reflexionar, ni a estructurar el texto, sencillamente deja que salgan todos los pensamientos, incluso palabras inconexas y plásmalos en el papel.

Mi recomendación es que si vas a practicar un ejercicio de escritura no lo hagas con el ordenador, mejor hazlo a mano y a ser posible con la mano no dominante, ya que tenemos menos control sobre ella y fluirá la escritura de un modo mucho más inconsciente. Aunque te parezca difícil, recuerda que no es un ejercicio de estilo, así que, si tu «parte perfeccionista o crítica» aparece en escena a decirte la mala letra que tienes, pídele que se haga a un lado y sigue con el ejercicio. Será mucho más potente así.

Cómo usarla para observar el río

Lo que te he contado arriba, puede ser una muy buena forma de abrir la presa, pero después, recuerda que necesitarás tomar distancia y observar el río. La escritura, igual que el mindfulness, hay que saber utilizarla para que no se convierta en otra forma de construir la presa.

Pero ¿No me has dicho que era una buena forma de abrir la presa? ¿Cómo va a servir también para construirla? Pues sí, es paradójico, pero, depende de cómo la uses, puede servir para las dos cosas.

¿Recuerdas que el mindfulness si lo utilizabas para relajarte te llevaría a construir la presa? Pues la escritura igual, si la usas para controlar, evitar o dominar tus emociones y pensamientos, estarás construyendo de nuevo la presa y si la utilizas de un modo catártico, te estarás metiendo en el río.

Cuando hagas cualquier ejercicio de escritura, de relajación o de cualquier otra cosa, tu objetivo ha de ser la aceptación de lo que hay. Incluso si lo que hay es «malo» o no te gusta.

Psicosugerencias de última hora

  • Si te has sentido identificado con el artículo, por favor, no te quedes en lo superficial: ¡Practica! Leer y tener información está genial, pero no cambiará nada si no lo materializas en tu vida.
  • Si sientes que es demasiado para manejarlo tu solo pide ayuda profesional. Intento que los artículos sean útiles, pero no se pueden equiparar a un proceso de terapia y, a veces, es lo que se necesita para desatascar.
  • Si quieres profundizar un poco más te puedes descargar mi guía «comprende tu miedo» en el formulario de abajo, donde, además de explicarte un par de cosillas acerca de los «fallos» de nuestro cerebro (y por qué sólo leer acerca de tu problema no te ayudará a solucionarlo), te doy alguna herramienta más para lidiar con emociones difíciles como el miedo.
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