Ansiedad: origen, desarrollo y camino para superarla

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad junto con la depresión son dos de los trastornos más comunes hoy en día. Sin embargo, el desconocimiento provoca que, si los padeces, te sientas loco, sin remedio y completamente perdido.

En esta entrada vas a descubrir el verdadero sentido de la ansiedad, cómo funciona para poder comprenderla y cómo adquirir un enfoque nuevo que te permita trabajarla y superarla.

Definición

La ansiedad es una respuesta natural del organismo ante la percepción de un peligro. Sin embargo, es una emoción diferente del miedo, porque es anticipatoria.

¿Qué quiere decir esto? Pues que prepara al cuerpo para dar una respuesta adaptativa ante una situación de peligro. Digamos que es una señal de alerta.

La ansiedad también tiene grados. Experimentar un grado “normal” de ansiedad ante ciertas situaciones, como un encuentro con alguien, exámenes o una entrevista de trabajo, es habitual e incluso saludable.

Sin embargo, la ansiedad para algunas personas alcanza niveles patológicos, con episodios reiterativos, de intensidad alta y duración excesiva, que provocan mucho sufrimiento e interfieren notablemente con la vida.

Origen de la ansiedad

La respuesta de ansiedad puede ser desencadenada tanto por estímulos externos: estrés laboral, muerte de un familiar, encontrarse en un espacio cerrado… como internos: emociones, sensaciones corporales, imágenes, recuerdos, etc.

Es importante esto último porque muchas veces no localizamos un desencadenante en el exterior, debido a que procede del interior. Es cierto que, las situaciones estresantes de nuestra vida ponen en jaque al sistema y hacen más probable la ansiedad, pero no son la causa última.

Los estímulos desencadenantes dependen mucho de la historia personal.

Lo aclaro.

A lo largo de nuestra vida hemos ido aprendiendo qué situaciones entrañaban peligro y cuáles eran inocuas. Esta es una capacidad fundamental de nuestro organismo para adaptarse al entorno de la mejor forma posible con los recursos de los que dispone en ese momento.

Dado que los entornos en los que nos criamos fueron muy dispares, es lógico pensar que las situaciones que entrañan peligro no tienen por qué ser las mismas para todos.

Por ejemplo, para una persona, los espacios cerrados o estar rodeada de gente puede desencadenar una respuesta de ansiedad y para otra no.

Nuestro cerebro funciona de la siguiente manera:

Cuando vivimos una situación que amenaza nuestra integridad o nuestra vida se ponen en marcha mecanismos adaptativos para afrontarla. En los seres humanos estos mecanismos tienen que ver con tendencias de acción que se han desarrollado evolutivamente y que compartimos con otras especies.

Las respuestas de que disponemos naturalmente son: lucha, huida y congelación con analgesia. Los ataques de pánico forman parte de la respuesta de congelación provocada por el terror intenso.

Estas acciones no son “pensadas”, sino automáticas. Tomaremos un camino u otro dependiendo de varios factores como:

  • El nivel de desarrollo que tengamos cuando se produce la amenaza. No es lo mismo un bebé, que un niño de 3 años, que un adolescente de 16, que un adulto de 45. Por ejemplo, para un bebé el recurso de lucha puede ser el llanto, aunque es limitado, pero de ninguna forma puede huir. Además, en muchos casos, el llanto no es atendido o bien desencadena una situación peor. Pensemos en el caso de padres maltratadores, que ante las protestas del niño pueden empeorar el maltrato. Ante estas situaciones es probable que el niño aprenda a congelarse, para no ser visto.
  • El apoyo social. No es tan importante el acontecimiento en sí como la disponibilidad de otro empático que nos ayude a poner palabras a la experiencia y a ordenarla. Esto es muy importante a la hora de integrar una experiencia amenazante o traumática: te lo explico en el apartado de neurobiología.

Para más información sobre el trauma puedes leer mi entrada: ¿Qué es el trauma psicológico y cuáles son sus efectos? ¿Se puede superar?

Lo que aprendemos

Después de haber vivido una experiencia traumática, el cerebro aprende.

Todos los estímulos que formaban parte de la situación amenazante se asocian con el peligro y se generalizan.

Te pongo otro ejemplo.

Imagina que, María, de pequeña hizo una presentación en el colegio y, sin querer, se hizo pis encima. Todos sus compañeros se rieron, el profesor no hizo nada y además, cuando llegó a casa, sus padres la regañaron por haberse ensuciado los pantalones.

Bien, hay un montón de estímulos en esta situación: un profesor (figura de autoridad) que no hace nada, unos padres que la regañan cuando se ha hecho pis sin querer, unos compañeros que se ríen cuando sale a hablar en público…

Pero no sólo estos, también hay estímulos más sutiles; la luz, la temperatura de la clase, el sonido de las risas, el tono de la voz de su profesor.

Y finalmente, otros estímulos que provienen del cuerpo; el enrojecimiento facial por la vergüenza, la sudoración en las manos, la sensación de que se le acelera el corazón…

Toda esta variedad de estímulos, es entonces catalogada por su cerebro como peligrosa. Porque los relaciona con una situación de amenaza.

Aunque ahora que me lees puede que no te parezca para tanto, créeme, esto que te describo, para un niño pequeño, puede ser muy dramático.

A toda esta variedad de estímulos que, sin ser en esencia peligrosos, el cerebro los relaciona con el peligro debido a la experiencia, es lo que llamamos estímulos condicionados.

Los estímulos condicionados se relacionan con una situación y desencadenan la misma respuesta que la situación en sí misma. Cuando estos estímulos se generalizan, quiere decir que se asocian a otros estímulos que se les parecen. Estos estímulos parecidos pasan a desencadenar las mismas respuestas que los estímulos condicionados.

Siguiendo con el ejemplo:

María ya es mayor y quizás, ahora, si alguien se ríe (aunque no sea de ella) su cerebro se ponga enseguida en alerta. Porque el estímulo del sonido de una risa se ha asociado a una situación peligrosa. Y, además, se ha generalizado: ya no importa que no sean las risas de sus compañeros del colegio, cualquier risa es parecida al estímulo condicionado y por lo tanto desencadena la misma reacción.

Es imprescindible que empieces a ver tu ansiedad como un recuerdo. Si tu reacción es desproporcionada con respecto a la situación actual, lo que experimentas es un recuerdo muy vívido del miedo que experimentaste en el pasado. Lo que ocurre es que esto, en vez de ser un recuerdo consciente, es un recuerdo corporal, reactivo.

“Si pudiésemos recordar el trauma en la manera que recordamos los acontecimientos no traumáticos, podríamos decirnos a nosotros mismos, «odio esta hora del día porque me recuerda que, cuando caía la oscuridad, tenía que empezar a temer lo que podría ocurrirme más tarde esa noche». Debido a que los recuerdos del trauma están codificados sensorialmente, no lingüísticamente, revivimos el miedo como ansiedad generalizada inexplicable o incluso como un ataque de pánico.”.

Neurobiología de la ansiedad

Ya hemos dicho que la ansiedad es una respuesta ante una amenaza. Cuando el cerebro detecta amenaza, sea está real o imaginada, prepara a todo el organismo para responder.

Para empezar, se pone en marcha el sistema adrenérgico o simpático.

Se empiezan a liberar sus dos neurotransmisores más importantes: adrenalina y noradrenalina. Responsables de poner en marcha respuestas de lucha o huida.

Por lo tanto:

  • Se dilatan los bronquios para aumentar la capacidad pulmonar.
  • Se dilatan las pupilas.
  • Aumenta la frecuencia y la fuerza con que late el corazón.
  • Aumenta la presión arterial.
  • Se estimula la producción de sudor.
  • Los músculos se contraen.
  • La digestión se enlentece.
  • Aumenta el tono de los esfínteres. Verás que esto es muy importante cuando veamos los síntomas. ¿Has oído alguna vez la expresión de cagarse de miedo? Bueno, pues es menos figurada de lo que te crees.

Está bien tener en cuenta todas estas respuestas corporales porque luego vas a poder entender fácilmente por qué se producen ciertos síntomas en la ansiedad.

¿Qué ocurre en nuestro cerebro?

El sistema límbico

El sistema límbico es un conjunto de estructuras cerebrales que se encargan de respuestas emocionales instintivas.

IMPORTANTE: realiza muchas de sus funciones sin que medie el cerebro superior. Es decir, sin que haya pensamiento ni consciencia: automáticamente.

Más bien, interacciona con el sistema endocrino (que se encarga de la secreción de hormonas) y el sistema nervioso periférico.

Hay muchas estructuras en el sistema límbico, pero no te quiero liar. Dos son las más importantes para entender la ansiedad.

1. La amígdala

La amígdala cerebral. Que no tiene nada que ver con esas que te extirpaban de pequeño.

Es uno de los núcleos principales del sistema límbico.

Se encarga principalmente del procesamiento y almacenamiento de REACCIONES emocionales.

La amígdala es como un detector de humo cerebral.

Este núcleo está completamente maduro al nacer y está implicado en procesos de memoria. Concretamente,  se encarga de las memorias implícitas o automáticas. Que son memorias corporales y sensoriales que tenemos sin conciencia de que estamos recordando.

En el ejemplo de María, su amígdala es la que se ha encargado de registrar que las risas son peligrosas. No requiere procesamiento consciente para saberlo, detecta el humo (las risas) y automáticamente su sistema se pone en alarma y se desencadenan respuestas de lucha/huida/parálisis.

2. El hipocampo

Esta estructura cerebral se encarga de otro tipo de memoria. Que es la memoria narrativa o autobiográfica. Esta memoria nos permite hablar de lo que ocurrió sin revivir lo que ocurrió.

En el caso de María, su hipocampo debería haber permitido que pudiera hablar de que se hizo pis de pequeña delante de sus compañeros y que se rieron de ella sin que esto desencadene de nuevo las respuestas de alarma.

El hipocampo tiene tres funciones:

  • Contextualización: es lo que nos permite no generalizar. Si María lo hiciera con la situación concreta de primero de primaria, su cerebro sabría que no todas las señales que impliquen hablar en público entrañan peligro. Sólo fue aquella.
  • Secuenciación: esto implica que las experiencias tienen un principio, un desarrollo y un final. Nos permite poner las cosas en el pasado y no revivirlas constantemente.
  • Simbolización: es transformar la experiencia poniéndole palabras. Poder contar lo que nos pasó. Esto nos permite compartirlo, comunicarlo y elaborar un sentido adaptativo de esa situación.

El cortisol

El cortisol es una hormona que se encarga de la respuesta de la ansiedad. Pero, cuando la situación es extrema, o continuada en el tiempo, el cortisol desregula el cerebro y anula las funciones del hipocampo.

Por eso, muchas experiencias se generalizan, se reviven y no se pueden expresar.

Siguiendo con el ejemplo, la secreción de cortisol en el cerebro de María cuando se hizo pis en primero de primaria, habría impedido que el hipocampo realizase correctamente sus funciones.

Por lo tanto:

  • Esa experiencia no habría quedado contextualizada y se seguiría reviviendo hoy en día, de manera inconsciente. Por ejemplo, María se ruboriza, le sudan las manos y tiene taquicardias cuando va a hablar en público.
  • María no es consciente de que la situación del presente no entraña ningún peligro. O más bien, su cuerpo no lo sabe. Para su cuerpo la situación no ha quedado inscrita en el pasado y por lo tanto nunca ha acabado.
  • María no pudo hablar y compartir la experiencia con otro, de una forma que le permitiese elaborarla y obtener un aprendizaje adaptativo, diferenciándola del resto de situaciones de su vida. Así que la experiencia queda, de alguna forma, encapsulada. Esto favorece la amnesia traumática y es probable que haya olvidado (consciente, aunque no corporalmente) aquella escena.

Síntomas

Sabiendo todo esto, hay muchos síntomas que pueden derivarse de la ansiedad. Y no todos los tienen todas las personas.

Síntomas físicos

Explicaré algunos, pero no todos. Sin embargo, los puedes explicar tú mismo. Sólo hace falta que pienses en todo lo que has leído arriba.

  1. Síndrome del colon irritable: esta enfermedad se asocia cada día más a la ansiedad y a respuestas emocionales de estrés intenso.
  2. Náuseas y vómitos.
  3. Dolor abdominal.
  4. Acidez gástrica.
  5. Reflujo.
  6. Boca seca y dificultad para tragar.
  7. Aerofagia.
  8. Diarrea o necesidad frecuente de orinar: porque, como hemos visto, los esfínteres se relajan. El cuerpo se está preparando para luchar o huir, así que necesita liberar peso.
  9. Dificultades para tragar.
  10. Falta de aire.
  11. Dolores de cabeza, migrañas, cefaleas tensionales.
  12. Mareos, vértigos, inestabilidad y desmayos: a veces producidos por la hiperventilación.
  13. Fatiga.
  14. Tensión muscular.
  15. Temblores: asociados a la tensión muscular.
  16. Visión borrosa, fotofobia: casi nadie lo menciona y es bastante frecuente. Se produce por la dilatación de las pupilas.
  17. Tiritar.
  18. Pérdida de apetito sexual.
  19. Disfunción eréctil/eyaculación precoz.
  20. Sofocos o escalofríos: relacionados con la producción de sudor y el aumento de la temperatura corporal.
  21. Hormigueo o entumecimiento.
  22. Rigidez muscular, contracturas.
  23. Contracciones o espasmos involuntarios. Tics nerviosos.
  24. Hipertensión transitoria.
  25. Dolores en diversas partes del cuerpo que no se atribuyen a ninguna otra causa.
  26. Caída del pelo.
  27. Pitidos en los oídos.
  28. Parálisis.
  29. Afecciones de la piel: rubor, enrojecimiento, acné, piel atópica.
  30. Alucinaciones visuales del tipo: ver moscas, puntos negros, luces, relámpagos, etc.
  31. Bruxismo: apretar involuntariamente las mandíbulas.
  32. Sensaciones de frío intenso en una o varias partes del cuerpo.

Síntomas psicológicos

  1. Sensación de irrealidad.
  2. Despersonalización: sensación de pérdida de identidad.
  3. Aturdimiento.
  4. Falta de concentración.
  5. Falta de memoria.
  6. Pensamientos obsesivos.
  7. Pesadillas/ terrores nocturnos.
  8. Parálisis del sueño.
  9. Problemas del habla/mutismo.
  10. Hipervigilancia.
  11. Inestabilidad.
  12. Debilidad.
  13. Compulsiones.
  14. Miedo a perder el control.
  15. Miedo a morir.
  16. Miedo a volverse loco.
  17. Ataques de llanto/ira/pánico.

Aunque todos estos síntomas son posibles y se han descrito, cada persona es diferente y serán posibles muchos más, así como variaciones de los mismos en intensidad o cualidad.

IMPORTANTE: Cuando estamos reviviendo una situación traumática del pasado, en este caso la ansiedad o el pánico, nuestro cerebro viaja al allí y entonces: se desconecta del presente. Literalmente, volvemos a ser niños de dos, cuatro, seis años…

“Todos podemos pelear batallas de un solo día. Es cuando añadimos la carga para dos días incontrolables, ayer y mañana, cuando nos agobiamos.» -Steve Maraboli-

¿Cuándo se convierte en trastorno?

Como has visto, los síntomas son diversos y, un nivel adecuado de ansiedad es hasta saludable.

Así mismo, todos hemos vivido situaciones más o menos traumáticas que han condicionado las respuestas en nuestro presente. Así que podemos desarrollar síntomas de ansiedad ante situaciones que para otros resulten inocuas.

Esto, sin embargo, no es sinónimo de tener un trastorno de ansiedad.

Se padece un trastorno cuando el nivel de ansiedad impide o dificulta gravemente la actividad diaria. Estos sentimientos son difíciles de controlar, desproporcionados y muy prolongados en el tiempo.

Causas de la ansiedad

Trauma: como habrás visto a lo largo del artículo, algunas de las causas se pueden situar en eventos traumáticos de la primera infancia.

Genética: también hay un componente hereditario, lo que hace que las personas con parientes que padecen ansiedad tengan un 38% más de probabilidades de padecer un trastorno. Dentro de lo biológico, las mujeres tienen más probabilidad de sufrirlo que los hombres.

Transgeneracional: muchas veces, la respuesta de ansiedad es aprendida directamente como estilo de afrontamiento de nuestros cuidadores. Si tenemos un entorno familiar en donde este estilo sea frecuente, a veces, la ansiedad se desarrolla como una forma de “pertenecer”, es decir, compartir la identidad familiar.

Problemas de salud: en algunos casos, los síntomas de ansiedad no son puramente emocionales, sino que están relacionados con alguna condición física, como un déficit vitamínico, diabetes, hipertiroidismo… O como efecto secundario al uso de ciertos medicamentos.

¿Cómo superar la ansiedad? Tratamiento

La causa de la ansiedad es emocional y no racional. Es por eso que, aunque percibamos que no hay peligro real, no podemos evitar las incómodas respuestas de pánico de nuestro cuerpo.

La mayoría de estas respuestas, como has visto, son despertadas automáticamente por estímulos del entorno, que se han generalizado, sin que tú puedas hacer nada por evitarlo.

La respuesta de ansiedad procede de la amígdala, que, cuando estamos en pánico, desconecta todo el resto de nuestro cerebro, incluidas las funciones superiores: pensamiento, planificación, lenguaje…

Dependiendo del grado que tengas de ansiedad será posible que la manejes tú solo o necesitarás pedir ayuda. En el siguiente vídeo hay una serie de técnicas psicológicas que te pueden ayudar:

Aún así, si padeces ansiedad te habrás dado cuenta de lo difícil que es a veces manejar las sensaciones cuando llega el pánico.

Si la ansiedad se ha convertido en un problema insalvable en tu vida, pide ayuda.

En mi consulta me centro en que puedas acceder a la información somática y emocional que desencadena esas desagradables respuestas, para que puedas acudir al origen y solucionar el problema de raíz.

Este tratamiento, es muy diferente a la mayoría de los que se proponen, que descuentan por completo el pasado y las emociones, centrándose sólo en estrategias cognitivas.

El objetivo de la terapia será que logres cambiar esos aprendizajes que adquiriste por otros más adaptativos. Que sitúes el pasado en el pasado para que tu cerebro deje de reconectarte con experiencias que nada tienen ya que ver con tu vida.

Lo que lograrás será, entender los pensamientos disfuncionales que te generan la ansiedad, adquirir herramientas para controlar los ataques o crisis de pánico, descubrir el verdadero significado de tu angustia y resolver emocionalmente la respuesta automática de la ansiedad, para convertirla en algo más consciente, que esté bajo tu control.

Cuéntame cómo puedo ayudarte

¿Cuándo tomar medicación?

El tratamiento psicológico ha demostrado ser más eficaz que la medicación y más eficaz que el tratamiento combinado. Es decir, más eficaz que utilizar a la vez medicación y terapia, como se solía pensar.

Aun así, hay veces que el trastorno está tan avanzado o la ansiedad se ha generalizado a tantas áreas de tu vida, que quizás necesites tomar medicación.

Tampoco hay que asustarse por esto. Cuando sufrimos ansiedad, literalmente nuestro cerebro está intoxicado de dopaminas y catecolaminas. Y esto tiene un potencial neurotóxico. Así que “aguantar” estas sensaciones, no es saludable.

Si este es tu caso, debes consultar a un especialista. Si padeces un trastorno de ansiedad lo mejor es que no lo trates con ansiolíticos, ya que pueden generar dependencia y no solucionan el problema.

Ponte en manos de un psiquiatra para un tratamiento más prolongado en el tiempo. Lo general suele ser recetar algún antidepresivo durante un período de seis meses a un año.

No temas valorar todas las opciones, consulta y pide ayuda.

Complicaciones. No tratar la ansiedad

Como has visto, nuestro cerebro tiende a asociar y generalizar los estímulos que percibe como peligrosos y esto, suele dar lugar a conductas de evitación que cada vez se amplían más.

Así, no es raro que un trastorno de ansiedad cuando no se trata, empeore con el tiempo.

Es decir, que, de un trastorno de pánico, con crisis puntuales y espaciadas en el tiempo, podemos pasar a un trastorno de ansiedad generalizada que nos impida incluso salir de casa.

Revivir la ansiedad a diario tiene un efecto retraumatizante y neurotóxico.

Si quieres dar un primer paso para superar la ansiedad descárgate mi Guía Gratuita Comprende tu miedo. Ahí encontrarás una técnica muy potente para controlar los ataques de pánico.

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