¿Qué esperar de la terapia? Conoce los 10 beneficios de la terapia psicológica

Que ir a terapia psicológica tiene beneficios está claro, sin embargo, en algunos sitios todavía sigue siendo tabú.

No en todos, que conste.

En Buenos Aires, por ejemplo, hay un barrio llamado coloquialmente Villa Freud por la cantidad de psicoanalistas que lo poblaban (y probablemente de psicólogos todavía concentrados allí). Pero, aquí en España, casi nadie quiere ser una de «esas personas que acuden a terapia».

Aun así, si estás leyendo este artículo es que aun tienes tus dudillas acerca de qué mágica transformación puede sufrir tu psique tras visitar a un terapeuta y en qué tipo de eufórico e híperpositivo superhéroe te convertirás después unas horas en el diván.

Me dispongo pues a aclarar tus dudas y para ello te voy a dar una doble visión, ya que yo he vivido la terapia tanto desde fuera (soy psicóloga y actualmente ejerzo) como desde dentro, ya que he estado en terapia unos tres años (en el momento en que escribo esto), con cuatro terapeutas diferentes (¡Santa Madonna!), así que sé (un poco) de qué va la vaina.

♫ ♪♪ ♫ Let’s get started, ha! Let’s get started in here ♫ ♪♪ ♫ (espero dejarte pegada la canción hasta el final del artículo).

¿Cuándo acudir a un psicólogo?

Esta es una pregunta que nos hacemos continuamente, pero no sólo cuando vamos a ir al psicólogo, sino cuando tenemos que tomar cualquier decisión que va a requerir una inversión de recursos media-alta y que implica enfrentarnos a cosas que nos resultan incómodas.

Lo malo de estos momentos es que corremos el peligro de quedar atrapados en la famosa parálisis por análisis. Dándole vueltas al tema, leyendo, recabando información, buscando al mejor psicoterapeuta… Y sin tomar acción para cambiar nuestras vidas.

Así que antes de empezar te voy a dar dos sugerencias a este respecto.

Lo primero es que leas estos dos artículos:

Los dos son míos. Seguramente no son los mejores de Internet, tampoco los peores, pero ya que tengo que promocionar el trabajo de alguien, pues oye, que sea el mío.

Creo que darán una visión general suficiente como para saber si quieres conseguir lo que la terapia te ofrece.

(Si te hace falta algo más, te dejo otro al final del artículo, pero mi sugerencia es que estés atento para no caer en el bucle de leer, leer, no hacer → no ver cambios → leer, leer).

La segunda sugerencia es que pruebes. Sin más.

Prueba y decide.

Porque por muchas claves o tips que yo te dé o que leas en cualquier otro blog o foro, si se quedan vagando en tu cabeza no servirán de nada.

Es difícil que tengas meridianamente claro que necesitas terapia porque no suele ser una cuestión de todo o nada, a no ser que ya estés muy muy en el hoyo, (pero entonces estarías llamando para pedir una sesión y no leyendo este artículo).

El caso sigue siendo: prueba y fíate de tu experiencia.

Como decía Rogers:

 «La experiencia es, para mí, la mayor autoridad. Ni las ideas de otras personas -y ni siquiera las mías propias- son tan definitivas como mi propia experiencia. Ni la Biblia ni los profetas, ni Freud ni la investigación, ni las revelaciones de Dios o del hombre pueden ser más determinantes que mi propia experiencia directa».

¿Cómo empezar una terapia psicológica?

Pues lo primero que necesitas para empezar una terapia psicológica es…

¿Adivinas?

Eso es, ¡Un psicólogo/a!

Es decir, un profesional de la salud mental.

Bien.

Yo prometo que escribiré un artículo acerca de cómo elegir un buen psicólogo, minimizando las probabilidades de fracaso, que, aun así, no se verán reducidas a cero, ya te lo adelanto (pero como en cualquier otro ámbito).

Tengo una amiga que dice siempre que

«Encontrar un buen psicólogo es como dar con un buen mecánico».

Vamos, que tiene un componente de conocimiento, algo de intuición, algo de recomendación o boca-a-boca y un alto porcentaje de ensayo-error y suerte.

En cualquier caso, para no abrir (hoy) este melón, te diré que sobre todo busques un psicólogo con el que conectes. Con esto no quiero decir que te tengas que sentir en la primera sesión como en el salón de tu casa, pero sí debes tener una sensación general de sentirte comprendido, apoyado y seguro con tu psicólogo.

Esto es algo muy personal y sólo tú podrás decir si has hecho match con el profesional en cuestión, pero vamos, en líneas generales que te transmita buena vibra.

Beneficios que aporta la terapia psicológica

Te ayuda a sentirte mejor

Pongo este beneficio el primero porque es lo que casi todos buscamos la primera vez que pisamos la consulta de un psicólogo.

Aunque, he de aclarar y esto es muy importante, que ayudarte a sentirte mejor no  significa a sentirte bien todo el rato.

De modo que el psicólogo no puede hacer nada con el sufrimiento natural asociado a cualquier vida; la tuya, la mía e incluso la de un Quokka, también conocido como el animal más feliz del mundo.

Esta simpática criatura es el Quokka.

Sí puede ayudarte con todo el sufrimiento innecesario (esto ya sí, típicamente humano).

De hecho, mi experiencia es que la sensación general tras la terapia, es que vas más ligero por la vida, con menos peso. Quitándote cargas del pasado estás más en el presente, a la vez que desarrollando habilidades para relacionarte contigo mismo logras estar más tiempo en equilibrio.

Repito, más tiempo, no todo el tiempo.

Aún habrá momentos en que te puedas sentir desbordado, eso sí, serán menos, menos intensos y más cortos. Después de la terapia cada vez te costará menos recuperar lo que yo llamo tu centro.

Total, ¿vas a ser más feliz? Pues si asocias la felicidad a la paz mental, como muchos de los humanos, entonces sí.

Simulación de tu vida después de la terapia

Autoconocimiento

Hace un tiempo hubiera dicho que el autoconocimiento era uno de, lo que yo llamo, «beneficios colaterales» de la terapia.

Uno no iba buscándolo, pero irremediablemente acababa ocurriendo.

Sin embargo, me he quedado sorprendida de cuanta gente incluye entre sus objetivos de la terapia «conocerse mejor».

Después pensé que tenía bastante sentido, porque somos animales muy egocéntricos y nos interesamos mucho a nosotros mismos. (Nada en contra eh, de hecho, le podemos sacar bastante partido a esa motivación), además de naturalmente curiosos.

Y oye, me parece estupendo, porque mira, hay cosas más y menos complicadas de conseguir, pero si tu motivación principal para acudir a terapia es que te quieres conocer mejor, lo cual es muy lícito, la satisfacción está 100% garantizada.

En mi experiencia, no sólo te empiezas a conocer, es que desarrollas una actitud con la que cada vez es más fácil pillarte in fraganti. Y no únicamente a ti, también a los otros.

No quiero decir que desarrolles poderes mentales (aunque un poco sí), pero siempre me acuerdo de una compañera que estaba conmigo en un grupo de terapia que decía:

«Es que en cuanto empiezas a venir a terapia, desarrollas un superpoder para ver la mierda de los demás».

Pues, dicho más elegantemente, conociéndote desarrollas la capacidad para comprenderte a ti mismo y, por ende, a los demás. Hazme caso que sí, que van unidos.

Resolver conflictos

Con los otros o contigo mismo.

Muchas veces estamos atrapados en patrones que nos generan conflicto interno; estamos seguros de que la vida es algo más que esto y queremos cambiar y hacer algo diferente, pero «no podemos».

En terapia desarrollas una especie de brújula existencial que te ayuda a guiarte en los momentos de indecisión. El psicólogo no hace esto por ti, pero sí te proporciona los recursos necesarios (o más bien, te ayuda a descubrir tus propios recursos) para que puedas sentir que vas tú al timón de tu barco y no tus emociones o tus aprendizajes desactualizados.

Por descontado, acabas generando relaciones más profundas, significativas y saludables con los que te rodean. Estarás más en armonía con los demás, porque tendrás estrategias tanto para manejar los conflictos con ellos, como para regular tus propias emociones.

De hecho, una y otra vez se demuestra que lo que verdaderamente nos hace felices es forjar lazos significativos con los demás, mientras que la soledad, el aislamiento o los problemas interpersonales nos pueden llevar fácilmente a la ansiedad o la depresión.

Éxito personal

Cada uno puede tener un concepto del éxito diferente, eso es cierto. Pero yo voy a tomar aquí el éxito tal y como lo entendía Rogers, el padre de la psicoterapia humanista.

Él consideraba que el mayor beneficio de la terapia era que nos permitía vivir de forma auténtica, es decir

Ser la persona que uno realmente es y florecer en nuestro máximo potencial como seres humanos.

También es cierto que cuando logras estar más en ti mismo y menos en los otros, es más probable que conectes con los caminos que para ti son realmente importantes y coherentes con tu verdadera forma de ser. Sentir que vives en sintonía con tus valores más profundos te ayudará a fijarte (y cumplir) metas y propósitos que estén llenos de sentido y te lleven a construir ladrillo a ladrillo, la vida que quieres para ti.

Mejora de la autoestima

Verás, la autoestima es algo que se ha malentendido casi desde que se acuñó el concepto. Entre otras cosas, porque se ha venido considerado condición sine qua non para conseguir todo lo que uno desea en la vida: sea esto felicidad, éxito profesional, una buena relación de pareja, etc.

Esto me recuerda a una escena de The Big Bang Theory en la que Howard le da el típico consejo a Raj para conquistar a una chica:

— La clave está en la seguridad en ti mismo.

— ¿Por qué la clave siempre es la seguridad? ¿Por qué no pueden serlo las manos sudorosas?

Me encanta esta escena, porque representa muy bien la trampa de la autoestima. Si necesito seguridad para conseguir lo que tengo y no la tengo, entonces no hay remedio. Lo único que queda es resignarse a no conseguir a la chica.

Pues bien.

En terapia le damos la vuelta a la tortilla. Se deshace ese enredo y aprovechamos eso que consideras debilidades, esas partes que odias de ti mismo, y las convertimos en recursos.

En realidad, la autoestima no es tener una visión positiva de uno mismo. No es estar seguro siempre, la autoestima es aceptación.

Y eso empieza por la aceptación de ti por tu terapeuta. Si es un buen terapeuta, no te juzgará y te ayudará a no juzgarte a ti mismo.

Confidencialidad

Te voy a contar una historia graciosa de mis inicios en la terapia (como paciente). Resulta que la primera vez que fui, lo hice porque no conseguía resolver el duelo de una relación pasada.

La cosa era que, en mi terrible miedo a que mi ex se enterara por no sé qué improbabilísima concatenación de eventos de que yo no había conseguido «superarlo» todavía, no decía su nombre. Por si las moscas.

A lo mejor a ti esto te parece un nivel de neurosis preocupante y crees que aun necesito más años de terapia, pero tenía 20 años y aquello se me hacía bola.

 

En cualquier caso, esto no es tan exagerado como pueda parecer.

Sorprende ver lo grandes que se hacen los miedos, los complejos y la vergüenza cuando estamos en medio del meollo emocional.

Como decía el maravilloso terapeuta (y profesor mío) Mario Salvador:

«No podemos destapar sentimientos especiales en entornos no especiales».

Destapar nuestra intimidad, mostrar nuestra vulnerabilidad y contar nuestros secretos más prohibidos necesita de una protección especial. La confidencialidad es esa protección especial que permite que puedas abrirte sin tapujos. La cara B es que, con toda probabilidad si has elegido a buen terapeuta, vas a sentirte comprendido y aceptado.

La terapia es, sin duda, el entorno especial.

Descubrir talentos

Antes de abordar este punto déjame aclarar una cosa.

Últimamente está muy de moda el coaching y si prefieres elegir a un coach para tu camino de desarrollo personal, oye, no seré yo quien te diga que no. Sin embargo, hay algunas ideas erróneas que proliferan por el mundillo y que conviene desmentir.

Una de ellas es la de que el psicólogo sólo se centra en resolver problemas asociados a patologías, mientras que un coach se centra en el desarrollo personal, el aprendizaje, la creatividad y el crecimiento.

Esto no es cierto, de hecho, ya Carl Rogers, (al que quizás esté mentando demasiado) hablaba de una tendencia natural del ser humano al crecimiento personal.

Y esta es la base de la terapia humanista, que yo he recibido como paciente y que actualmente practico, junto con seguro miles de otros psicólogos. Algunos psicólogos han llamado a esta psicoterapia, que no se centra en la patología, sino en el crecimiento «la psicología de la normalidad».

Por eso sí, la psicoterapia te ayudará a encontrar ese camino de crecimiento que ya es natural en ti y que, simplemente, está bloqueado por malas experiencias, emociones dolorosas o patrones nocivos.

A medida que este camino se despeja, te resultará mucho más sencillo encontrar tus talentos, no sólo aquello que se te da bien, sino aquello que es importante para ti, que te gusta, que disfrutas y que le da sentido a tu vida.

Ganarás flexibilidad

No en los isquiotibiales, como cuando haces yoga, sino flexibilidad psicológica.

¿Y esto para qué sirve?

Pues, de nuevo, porque normalmente estamos atrapados en aprendizajes excesivamente rígidos y somos poco o nada conscientes del patrón o de sus consecuencias.

Pensamos que estamos haciendo cosas diferentes con los problemas, pero solemos repetir más de lo mismo. Acudir a terapia te permitirá responder de forma diferente al malestar, para poder llegar a transformarlo en algo que te sea mucho más útil hoy.

Te ayuda a cambiar las falsas creencias

Bueno, me corrijo. Falsas falsas no tienen por qué ser. Y tampoco se trata de encontrar las verdaderas.

Verás, tu cerebro aprende cosas desde el día en que naces, incluso cuando no tienes lenguaje, aprende de la experiencia.

Aprende lo que es peligroso y lo que no, lo que está bien y lo que no, lo que está permitido y prohibido, lo que le funciona y lo que es inútil.

Con esto elabora algo así como una «Biblia de la vida», digamos que en esa biblia están todos los mandamientos (que son más de 10) que tu cerebro ha apuntado a lo largo de tu vida. Estos mandamientos son como «reglas» o «conclusiones» acerca de cómo son los demás, tú mismo o el mundo, que le sirven a tu cerebro como atajo para hacerse la existencia más fácil.

Todo lo que aquí ponga, tu cerebro lo cumple en automático.

Esto no es necesariamente malo. De hecho, si nuestros cerebros no hicieran algo así, probablemente no pasaríamos del primer año y medio de vida.

El problema viene cuando estas conclusiones son demasiado rígidas o están desactualizadas, es decir, responden a un contexto que no es el aquí y ahora.

En terapia puedes detectar esas conclusiones y aprender a tomar nuevas decisiones basadas en lo que ocurre hoy y no condicionadas por lo que ocurrió en tu pasado.

¡Aviso a navegantes!

Quizás que hayas leído sobre estas conclusiones con otros nombres como creencias limitantes o falsas creencias. 

Pero a mí no me gusta llamarlas así, porque da la sensación de que hay unas creencias que sí son verdaderas y que lo mismo tu psicólogo las tiene, te las da y te soluciona la vida. Y eso no es así.

Esa Biblia es personal e intrasferible.

No se trata de que cambies esas creencias por las mías (ni las de ningún otro psicólogo o gurú del desarrollo personal), se trata de que te des el permiso para revisarlas y elegir el camino que coincida con tu experiencia y los valores que quieres desarrollar en tu vida.

Librar posibles trastornos

Personalmente, trato de huir de los diagnósticos psicológicos y no clasificar a mis pacientes por trastornos. Sin embargo, mucha gente llega a consulta con «la etiqueta» ya colgada.

Si este es tu caso y ya sabes, porque te lo han dicho o lo has leído, que tienes una fobia, un trastorno de ansiedad o una depresión, por supuesto que la terapia es tu sitio.

Sin embargo, la mejora de estos se produce de forma global.

Me explico,

La depresión, la ansiedad o las fobias, no son una cosa que esté ahí, flotando en tu mente o en algún punto de tu cuerpo y que un psicólogo, con la suficiente pericia, te pueda extirpar.

Como salir de cualquier embolado psicológico requiere que aprendas otra forma de relacionarte con el problema y de desbloquear todo lo que llevas cargando días, meses o años.

¿Lo bueno? Pues que estas habilidades que adquieres en el desarrollo de la terapia, te ayudarán a manejarte con todo el resto de problemas de tu vida. Como yo suelo decir, «no mejoramos por partes», porque todo está relacionado.

Bonus: Cambiará tu cerebro

¿Y a mí eso qué? Quizás me digas, pero espera un momentito, que es interesante.

Una de las razones por las que la terapia no va a la velocidad de la luz es porque llevamos años fortaleciendo las mismas vías neuronales, con los mismos comportamientos, pensamientos y emociones.

Probablemente hayas leído que el cerebro es un órgano plástico, como la plastilina sí.

Se moldea como consecuencia de nuestras experiencias vitales y responde a la terapia con cambios en su estructura y funciones (avalado por la neurociencia moderna).

Ir al psicólogo es como una operación bikini para tu cerebro, se fortalecerán aquellas vías neuronales que te son más útiles y dejarán de hacerlo esas que te causan problemas.

De modo que, cuando cambia tu mente, tu comportamiento y tu forma habitual de sentir, también empieza a cambiar tu cerebro, así que cada vez resulta más sencillo actuar, sentir y pensar de una forma mucho más saludable y adaptativa.

¿Por qué puede que nunca vayas a un psicólogo, aunque lo necesites?

A lo mejor consigues solucionar tus problemas por tu cuenta y riesgo, en ese caso, perfecto.

Pero, en mi experiencia, la mayoría de veces buscamos ayuda psicológica cuando hemos probado de todo y nada nos ha funcionado, cuando estamos desesperados.

Aun así, mucha gente nunca irá al psicólogo por la inercia (la tendencia a mantenernos en el estado en el que estamos, sencillamente porque es más cómodo) o porque confía en ir saliendo del paso, como ha hecho hasta ahora.

Rara vez la psicoterapia se va a convertir en algo urgente en tu vida, como llevar el coche al taller si se estropea.

Ir al psicólogo es ponerse las gafas de lejos, mirar más allá de hoy. Porque de cerca, requiere pagar un precio, no sólo económico, también en esfuerzo y compromiso y eso a tu cerebro le aterra. Así que lo pospondrá una y otra vez contándote mil historias.

Antes de irte, te voy a dejar un último artículo, para que contemples los beneficios de la terapia, desde otra perspectiva. Es un poco más densito, pero en él explico por qué el psicólogo te puede ayudar más y mejor que la mayoría de cosas que la gente considera que son mejores que ir al psicólogo.

Por qué el mejor psicólogo es un psicólogo.

Hasta aquí el post de hoy. Espero haberte llevado un poquito más cerca de cómo acudir a terapia puede mejorar enormemente tu calidad de vida. Pero recuerda, no te creas algo sólo porque lo digo yo:

¡Prueba y fíate de tu experiencia!

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